Dos hechos ocurridos recientemente fueron noticia de primera plana y ocuparon el tiempo de televisoras y emisoras, me refiero al resultado de la pelea del Chocolatito González y la Carta de Amor a Nicaragua publicada por don Fabio Gadea al precandidato presidencial Arturo Cruz. Al respecto, tengo rato de venir señalando que, si continuamos con la política de ojo por ojo y diente por diente, todos, léase todos, vamos a terminar chintanos (sin dientes) y ciegos. Mi posición ante la avalancha de críticas por la camiseta con que subió al ring el Chocolatito, es que ningún boxeador representa a nadie más que a él mismo, que son los aficionados a ese deporte los que en su afán de identificarse con tal o cual pugilista lo adoptan asumiendo que, porque son del mismo barrio, ciudad o país, este los representa. Tanto el Chocolatito como todos los boxeadores, suben al ring con anuncios alusivos a la empresa que les paga por hacerlo y Chocolate no es la excepción. Ahora González ha dado múltiples muestras de pertenecer y apoyar al partido de Daniel Ortega, por lo tanto él tiene todo el derecho de engancharse la publicidad al Gobierno que se le venga en ganas y los opositores también tenemos la potestad de criticarlo, hasta allí los comentarios en referencia a la pelea que a mi juicio ganó el mexicano.
Ahora ocupémonos de la carta de don Fabio Gadea, independientemente de si tiene razón en los puntos que señalo en su escrito, el mismo es producto de la frustración de no haber podido cumplir con el objetivo que se habían trazado como buenos componedores. Creo que don Fabio se equivocó por completo en las acusaciones particulares tanto al partido Ciudadanos por la Libertad (CxL) como al doctor Cruz. No considero necesario explicar los porqués de esta afirmación, pues basta con leer la respuesta del doctor Cruz para comprender lo que afirmo.
Desde que tengo uso de razón, y de eso ya hace buen rato, los nicaragüenses hemos venido matándonos y odiándonos por nuestras diferencias políticas, siempre el grupo político que logra hacerse de la Presidencia maltrata al oponente y gracias a esa tendencia destructiva somos lo que somos y estamos como estamos. El país más paupérrimo del continente americano y creciendo, pero como la yuca (hacia abajo), lo anterior de ninguna manera justifica ni mucho menos la actuación del actual régimen, al que considero una versión ampliada y mejorada de nuestros odios de antaño. Actualmente nos encontramos a siete meses de unas hasta ahora hipotéticas elecciones nacionales, digo hipotéticas porque no se han anunciado ni cumplido con ninguno de los prerrequisitos exigidos por la comunidad internacional, pero ya tenemos ocho candidatos presidenciales de la “oposición”, ocho programas de gobierno y por lo menos cuatro o cinco partidos que aseguran que ganarán las elecciones que solo ellos ven venir.
El próximo 7 de noviembre tenemos una excelente oportunidad de dejar atrás los odios a los que me he referido, la oportunidad en esta ocasión la tienen los señores del gobierno, a los que les recomiendo tomar muy en serio esta recomendación, pues los odios que actualmente corroen a ambos bandos son más intensos que los que se vivieron en la década de los ochenta, en que solo de oídas nos dábamos cuenta de lo que sucedía. Hoy la tecnología y las redes sociales nos muestran en vivo y a todo color las atrocidades que se cometen, si no les importa porque siempre ante una eventualidad van a gobernar desde abajo, les tengo una mala noticia. Los que permitieron que eso sucediera ya no están con nosotros y los que están, están muy adultos. Creo que esta podría ser nuestra última oportunidad como sociedad de enterrar esos odios y no heredárselos a nuestros hijos, lo que sería una gran irresponsabilidad de la que no quiero ser partícipe.
El autor es comentarista político.