Al leer con detenimiento el artículo Ayer y ahora que publicó en la sección de Opinión de este Diario el hoy retirado general Humberto Ortega Saavedra, me provoca contestarle, no como ciudadano, sino como joven a raíz de que su reflexión para el hoy está ligada a un acontecimiento histórico cuestionable desde la perspectiva ética y desde la justicia. Dos son las palabras que atraen la atención: “cohabitación” y “amnistía”. Pareciera, pues, que es la receta de la vieja escuela política para toda transición política en nuestro país. ¡Increíble!
Aprovechando la historia, no puede olvidar el General que él fue quien cabildeó antes del 79 para que su hermano, el hoy dictador Daniel Ortega Saavedra, ocupara un espacio de poder en el Gobierno. Pensar que debemos cohabitar con el FSLN o tener cierta cuota de participación legislativa como “fruto” de las elecciones de noviembre es ingenuo y solo estaríamos continuando con la dictadura que requiere del beneficio de la amnistía que resalta el General en su artículo.
A diferencia de los años noventa el FSLN si pudo cohabitar con el gobierno de doña Violeta, de Arnoldo Alemán y de don Enrique Bolaños. Una cohabitación marcada por las famosas “asonadas” que las filas del sandinismo ejecutaron al punto de que el expresidente Bolaños señalara la natural incivilización del sandinismo. No se trata de que la lección de Sapoá “cese al fuego-elecciones-paz” tenga que repetirse hoy bajo la figura de la amnistía que dejó sin memoria, sin verdad, sin justicia a las víctimas de la Revolución.
Es la segunda ocasión que el general Ortega pone sobre el debate público el tema de la cohabitación. Con las dictaduras no se convive, ¿o fue lo que hizo el sandinismo con el somocismo? Si se cohabita estaríamos repitiendo los mismos errores de las transiciones pasadas: amnistiar a criminales de lesa humanidad para que las víctimas queden en el olvido, para institucionalizar la impunidad y la dictadura.
Disculpe, general Ortega Saavedra, pero ¿cómo podría cohabitar la mamá de Álvaro Conrado con un régimen como el de su hermana? ¿Cómo cohabitaría tanto torturado, mujeres violadas, familiares de exiliados con el régimen que secuestra, tortura, obliga al exilio y asedia a cuanto nicaragüense se le ponga? Por supuesto, nadie tiene duda que la cohabitación que sugiere para Nicaragua es parte de lo que el FSLN sabe hacer bien: evadir la justicia, pues cuando salieron del Ejecutivo en los noventa, Sapoá les dio la impunidad a los crímenes que desde el Gobierno y la Dirección Nacional ejecutaron contra los nicaragüenses, por recordarle un hecho, la Navidad Roja en la Costa Caribe.
Aquí no cabe la impunidad y la cohabitación, hoy lo que se pide es justicia, algo que no conoce un sandinista.
El autor es nicaragüense exiliado.