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Política nicaragüense e ideología sandinista

No se traslapan, ni deben hacerlo; el sandinismo es un abrupto histórico que puede permanecer muchos años sin minar en su espíritu, el alma del nicaragüense. Claro está, traerá beneficios a sus partidarios, como claro está que no se inserta en los valores criollos por más folclor revolucionario sea del hombre nuevo, o del socialismo siglo XXI.

Permanecer en el tiempo no es sinónimo de triunfos y menos de jolgorios triunfalistas que ha denotado esta ideología y, menos, cuando se trata de imposiciones no cívicas o de ejercer un autoritarismo coartando libre expresión de la ciudadanía.

La política criolla, aun sea artesanal, per se ha sido truncada en su desarrollo por huestes que generaron incompetencia y tradicionales guerras de timbucos y calandracas, ergo, liberales y conservadores, revolucionarios y contras. No hay derecho de ejercer poder para interrumpir un proceso democrático, aun sea incipiente, y menos a sangre y fuego o con ideologías que no respetan moral.

El sandinismo en Nicaragua ¿tendrán miedo al escenario político? No, no tienen miedo; lo que tienen es falta de ejercicio democrático que les es difícil de entender y ejercer. No es fácil ser demócrata; requiere visión, honestidad, humildad; sino se ejercitan, no se dispone de medios para crear plataformas democráticas.

En democracia, habrá que siempre estar dispuesto a enfrentar oposiciones cívicas-políticas y resolver y si nuestras respuestas se basan en violencia, entonces no hemos entendido nada de ella.

Si no te enfrentás a vos mismo, nunca crecerás como debe ser y consecuentemente, construirás una utópica torre de Babel, un gigantesco autoritarismo que ejerce leyes ad-hoc que atropella honestidades, que desfilan, amedrentan y humillan voluntades; serás autorrevestido de oro, de alegorías y loas de tu gestión, pero todo será un simple invento de una oligarquía política de una temeraria decisión que solo entorpece el desarrollo democrático. Al final, aparecerás en la historia, pero como un mal que ni siquiera fuera necesario.

La democracia es un ejercicio; no es panacea de ideales soluciones, pero sí inequívocamente, es el camino bueno para beneplácito social. Es un arte para la política contingente que contiene al respeto entre ciudadanos; en nuestra trayectoria de sociedades, ese bien, así lo hemos definido, entendido y escogido; hay que crecer por muy artesanales políticos seamos.

Que hay de nuestra Nicaragua democrática; nada; de momento, nada; ni siquiera con buenas intenciones, aunque letras provengan de buenos hombres y mujeres; no tenemos capacidad política que dígase pertenece a una democracia; por tanto, si bien necesitamos una organización y unidad, lo primero es reconocernos que tan capaces somos de la mejor gestión de un gobierno. Bajémonos del oro y las trompetas; ya hay muchos que han ofrendado sus vidas y teñido de sangre cada grano de nuestra tierra. Permitámonos abrir puertas a las nuevas generaciones que desean cambiar la sociedad de nuestra bendita tierra. Apoyémoslos; evitemos kupia kumi político y económico por muy saludable que parezca, ante la dicotomía del mal menor.

El autor es ingeniero civil.

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