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Aunque en el 2020 los bancos de Nicaragua obtuvieron en ganancias casi un 60 por ciento menos que antes de la crisis sociopolítica, los números de la Superintendencia y Otras Instituciones Financieras (Siboif) revelan que estos, en medio de tres años de recesión, han ingresado en rédito 271 millones de dólares, aunque entre el 2019 y 2020, los saldos son menores que en el 2018.
Pese a esas utilidades, ese saldo no ha sido repartido entre los accionistas de los bancos y permanecerían en las bóvedas de estas entidades, como colchón de riesgos, en el contexto de contracción que durante casi dos años experimentó el principal negocio de los bancos: la entrega de crédito. La situación empeoró por el desplome de los depósitos del público, que están en recuperación desde el año pasado.
“Hay una instrucción de la Siboif de no distribuir utilidades a los socios de los bancos, debido a la crisis que existe. Entiendo que solo a un banco le autorizaron. Ahora ¿por qué no hay utilidades (para los accionistas)? Porque quieren fortalecer el patrimonio, esto no se registra como capital social pagado sino como patrimonio del banco, y adoptan esta medida con el propósito de ampliar el colchón para riesgos de las entidades bancarias. El colchón para riesgos son las disponibilidades que tienen los bancos para enfrentar el deterioro de la cartera”, explicó el economista y catedrático Néstor Avendaño.
La banca nacional se vio fuertemente afectada por la fuga de depósitos, el congelamiento del crédito —el principal negocio de un banco—, lo que a su vez trajo como consecuencia el cierre de sucursales y ventanillas, sin embargo esto no ha sido impedimento para que la banca comercial siga generando utilidades, aunque sea a menor ritmo que antes de la crisis del 2018.
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En concreto y para visualizar el grado de afectación de la recesión en la banca, hasta diciembre del año pasado habían cerrado 142 sucursales y ventanillas; los depósitos habían alcanzado los 4,296 millones de dólares, 816 millones de dólares menos con respecto a marzo de 2018; y la cartera de crédito se ha achicado en 1,704 millones de dólares. Además como consecuencia del cierre de sucursales, desde la crisis sociopolítica hasta diciembre de 2020, se ha enviado al desempleo a 2,723 trabajadores.
“Hay varios fenómenos que están ocurriendo con la banca: por un lado, los depósitos se están recuperando, lo cual es relevante que después que tuvieron arriba de 5,000 millones de dólares, ahora están en 4,300 millones y habían caído a 3,700 millones, un descenso del 30 por ciento, pero ya se ha recuperado desde ese punto de vista. Pero, por otro lado, tenés al crédito se no se ha recuperado al mismo ritmo, eso ha llevado a que la banca acumule mayor liquidez de lo que normalmente tenía, llegó a estar en 46 por ciento, sucedió eso porque no estaban prestando y eso es parte de la política de prudencia de los bancos”, sostuvo Mario Arana, expresidente del Banco Central de Nicaragua.
La evolución de las utilidades
Los primeros tres meses del año pasado los ingresos en concepto de utilidades bancarias habían crecido más con respecto al mismo lapso del 2019, sin embargo en abril con la llegada del Covid-19, la tendencia cambió a negativa y la rentabilidad de los bancos bajó.
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Los números oficiales reflejan que el año más duro para la banca en materia de captación de ganancias fue el 2020, cuando solo se generaron 68 millones de dólares, un 58.52 por ciento menos con respecto a lo obtenido en el 2017. (Vea infografía).

“Los bancos no han dejado de ganar, pero sí se observa una dramática caída de la tasa de rentabilidad, las utilidades netas como porcentajes del patrimonio promedio cae de 20.02 por ciento en el 2017 a 6.75 por ciento en 2020, pero como porcentaje de capital social pagado, esa tasa cae de 40.18 por ciento, donde has visto una empresa con rentabilidad del 40 por ciento sobre capital, solo los bancos, a 17.6 por ciento a diciembre de 2020, o sea, ha caído en más de la mitad la tasa de utilidad neta, y siguen siendo rentables”, señala Avendaño.
Añadió que los bancos no están autorizados a distribuir utilidades desde 2017 y, en consecuencia, han aumentado en 12.8 por ciento sus reservas o provisiones para enfrentar las pérdidas crediticias y los problemas futuros de los préstamos.
Pero ¿cómo afecta que, además que se ha bajado la rentabilidad, el dinero de las ganancias haya quedado en reservas?
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“Esto sucede porque deben incrementar las provisiones por cliente malos, ya vimos que la cartera en riesgo en diciembre alcanzó un 16.9 por ciento, ahora qué pasa, no se remunera un factor de producción que es socio del banco, solo afecta la tenencia de las utilidades por parte de los socios y por ley no se puede tocar, la otra afectación es que no se puede destinar a nuevos créditos, porque no tienen reservas propias para créditos, porque ese dinero lo deben mantener ahí ante un eventual deterioro de la cartera de préstamos”, añadió.
Expectativas positivas este año
Por otro lado, Arana sostuvo que este año es posible que se recupere un poco la pérdida de rentabilidad que ha tenido la banca.
“Lo otro que está ocurriendo es que se está comenzando a tener préstamos, hay una inyección de crédito, el crecimiento es leve todavía, pero es un buen inicio. Claro que en la medida que ellos comiencen a colocar más, van a mejorar sus utilidades, yo creo que la banca está en una senda de recuperación después de la crisis, sin embargo sabemos que ellos continúan operando con mucho cuidado, tanto en su estrategia de expansión como en el manejo de su liquidez y lo idóneo es que este entorno cambie y la confianza se recupere”, expresó Arana.
De hecho, en enero las utilidades llegaron a ocho millones de dólares, lo mismo que en enero del año pasado, según muestran cifras de la Siboif.
En el caso del crédito, hasta enero del corriente acumula cinco meses de ligero crecimiento. Solo en enero la cartera creció el equivalente a 14 millones de dólares, respecto a lo acumulado en diciembre.
La cartera en riesgo preocupa
Pero, por otro lado, Arana ve con preocupación la cartera de riesgo y mora, lo cual es reflejo de los años de crisis política y social.
En enero las carteras en mora y en riesgo mostraron una ligera mejora, pero no lo suficiente pese a que el Gobierno a mediados del 2020 aprobó una normativa de alivio financiero.
Los datos de la Siboif indican que hasta enero de 2021 el indicador de cartera en riesgo alcanzó un 16.9 por ciento, dos puntos porcentuales menos con respecto a diciembre del año pasado. Mientras que la mora se ha mantenido alta y no ha variado con respecto a diciembre. Esta se mantiene en 3.6 por ciento hasta enero de 2021.
En Nicaragua, la crisis sociopolítica ha destruido casi 200 mil empleos y la economía se ha contraído más de un tres por ciento anual, con excepción del 2020, que preliminarmente el Banco Central de Nicaragua sitúa la caída entre 1.5 y 2.5 por ciento.
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