Apolinar Cruz Matute, el legendario bateador de Palacagüina y orgullo de toda Nicaragua, falleció la medianoche de este lunes en Estelí, confirmó a LA PRENSA su esposa, Claudia Cabrera. Tenía 68 años.
«Polín», como se le conocía popularmente, fue un poderoso bateador derecho que jugaba el jardín central, pero sobre todo, fue una persona humilde que se ganaba el cariño de los aficionados donde jugaba.
Cruz fue afectado por el Covid-19 desde hace unos veinte días y fue ingresado al hospital de Somoto. Sin embargo, al experimentar una considerable mejoría, fue trasladado a Estelí, donde finalmente murió.
«Al final, ‘Polín’ no falleció a causa del coronavirus sino por otras complicaciones que lo estaban afectando, por lo que el Ministerio de Salud nos autorizó para velarlo en Palacagüina», explicó Cabrera.
Nacido un 8 de enero de 1953 en la comunidad El Riíto, Palacagüina, Madriz, Cruz jugó durante 21 temporadas en Primera División y registró .284 de promedio, con 1,202 hits, 156 jonrones y 120 bases robadas.
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Militó en los equipos Estelí, Cinco Estrellas, Industriales, Bóer y Cachorros. Impactó con el Cinco Estrellas en los setenta y en los ochenta con los Industriales y el Bóer, con quienes fue el cuarto bate y jardinero central.
En 2016 fue ingresado al Salón de la Fama del Deporte Nacional, tras una notable trayectoria en la que destaca haber ganado medalla de plata con la Selección Nacional en los Juegos Panamericanos de Caracas en 1983.
Profeta en su tierra
Apolinar era objeto de admiración y respeto a nivel nacional, pero en el norte del país, era visto casi con reverencia y cada pueblito se sentía identificado con el famoso bateador que nunca dejó de ser humilde.
«Uno no tiene porqué ser fachento. Yo no ando por ahí hablando de lo que hice, si me preguntan, contesto, pero a mí me criaron como persona sencilla y que debe respetar a todos los demás», solía decir Cruz.
Después de destacarse en las ligas locales en Palacagüina y estudiar luego en el Instituto de Condega, «Polín» fue captado por el equipo de Estelí en 1973, pero no recibió las oportunidades para desarrollarse.
«Solo en la banca me mantenían en Estelí y decidí regresarme a Palacagüina y un día jugando en Somoto, me vio el coronel Lee Wong y me llevó al Cinco Estrellas en 1975 y ahí comencé a surgir», dijo el artillero.
Aquel primer año, bateó .247, pero en los cuatro años siguientes acumuló: .307, .320, .330 y .343. Justo en su mayor efervescencia en 1979, además del .343, tenía 19 jonrones y 65 remolques cuando se dio la guerra.
Ese mismo año integró la Selección Nacional y participó a través del tiempo en Copas Intercontinentales, Campeonatos Mundiales, Juegos Centroamericanos y del Caribe, Juegos Panamericanos y Juegos Olímpicos.
«Mi mayor orgullo es haber sido parte del equipo que ganó la medalla de plata en Caracas en 1983. Fijate que esa vez me montaron en una camioneta y me anduvieron por todo el pueblo con la medalla», aseguró Polín.
Cruz también se dio el lujo de disparar jonrón en el Dodger Stadium en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles en 1984 en la victoria 4-3 sobre Canadá en 12 episodios, decidida por otro toletazo de Arnoldo Muñoz.

LA PRENSA/ARCHIVO
Polín, el primer 100-100-1000
En 1988, Apolinar Cruz fue el primer bateador en la historia del beisbol nacional en acumular al menos 100 jonrones (156), 100 bases robadas (120) y 1,000 hits conectados (1,202), lo que habla de su integralidad como bateador.
Luego se le unieron Pablo Juárez (1990), Juan Cabrera (1993), Ernesto López (1993), Freddy García (1998), Ramón Padilla (2000), Norman Cardoze (2004), Danilo Sotelo Jr. (2014), Juan Oviedo (2018) y Renato Morales (2020).
En 1979 fue líder en jonrones con 19 y carreras empujadas con 65. En 1983 repitió como líder en remolques con 63 y en 1988 se convirtió en el primer bateador de 20 jonrones en los torneos Pomares, iniciados en 1980.
El 18 de marzo de 1979, Polín disparó tres jonrones en el mismo partido contra los Búfalos. Se retiró en 1993 con el UNAG después de 21 temporadas en el beisbol nacional, donde dejó huellas que deben sobrevivir al olvido.
A Apolinar le sobrevive su esposa Claudia Cabrera y doce hijos, entre los que se cuentan médicos, odontólogos, contadores públicos, ingenieros en sistemas, entrenadores beisbol y un policía, entre otras profesiones.
«Se me fue la mano con tantos hijos, pero sabés que me enorgullese, que a todos los ayudé aunque fuera con un poquito para que consiguieran su profesión y así defenderse en la vida», me dijo la última vez que lo vi.