Promover a la juventud

Ciertamente ser joven es un privilegio; por las energías, las capacidades en pleno desarrollo y los sueños por realizar; pero también es una responsabilidad social, correspondiendo también a la población adulta y a las organizaciones favorecer el desarrollo y condiciones para el aporte de la juventud; estas condiciones sociopolíticas la juventud debe promoverlas y saber aprovecharlas. Porque la población joven, convencionalmente definida entre 15 y 29 años, no siempre juega o no completa su papel en los momentos decisivos, y esto hay que evitarlo a toda costa. Veamos pues qué se puede hacer todavía y cómo la juventud puede aprovecharlo.

¿Cuál ha sido nuestra responsabilidad social, como adultos y organizaciones, para que los jóvenes puedan realizar sus sueños personales e impulsar a nuestro país hacia una nueva etapa de progreso? Las respuestas hacen sencillo entender por qué, según la encuesta de CID-Gallup para enero de este año, 6 de cada 10 nicaragüenses están dispuestos a dejar el país si tuvieran la capacidad de hacerlo, siendo mayor esta proporción entre jóvenes.

Muchas condiciones sociales, políticas y económicas deben poner a la juventud como eje y motor central del país. Por ejemplo, aprovechar el llamado bono demográfico que tantas veces se nos ha explicado y aplaudimos; pero no hemos hecho nada al respecto. El bono es la población económicamente activa de Nicaragua —la juventud principalmente— que viene creciendo desde hace veinte años y se seguirá creciendo según los organismos expertos en población hacia el año 2035. Aprovechar esta oportunidad significa poner a la población joven en el carril de la producción, la innovación y el liderazgo político y social.

Para ello, debemos mejorar la calidad de la educación secundaria para que la temprana juventud se encuentre con sus vocaciones de ciencia, tecnología e innovación; y se oriente hacia una formación técnica y profesional también de calidad. Que el sistema educativo impulse estrategias coordinadas con las organizaciones empresariales e instituciones laborales para facilitarles experiencias formativas vivenciales, se familiarice a los jóvenes con y para acceder a empleos de calidad. Promover sus ideas innovadoras y emprendedoras con asistencia y créditos, facilitando el acceso de sus productos a mercados nacionales e internacionales. Es decir, preparar académica y laboralmente a las y los jóvenes para una vida productiva dinámica que les permita llevar ingresos a sus hogares y generar productos y resultados con valores agregados que dinamizan la economía nacional.

Necesitamos, sin embargo, jóvenes que contribuyan a la sana convivencia social; que ayuden a reconstruir el tejido social desgarrado por tantos abusos y violaciones a los derechos humanos. El machismo y el caudillismo deben ir siendo historietas ridículas y oscuras del pasado, para dar lugar a ambientes institucionales y prácticas ciudadanas de respeto y convivencia entre personas de diversas etnias, culturas, lenguas, opciones sexuales y preferencias políticas; personas y todos nicaragüenses con iguales derechos, sin discriminaciones de ningún tipo que solamente provocan irrespetos y la imposición de unos grupos sociales sobre otros. Una parte importante de nuestros jóvenes tienen estos valores; el desafío es comprometernos a crear una cultura de sana convivencia, por medio del sistema educativo, las políticas sociales y económicas, las leyes y las instituciones, para que las jóvenes energías dinamicen los procesos del cambio social y democrático real, más rápida y efectivamente.

El relevo generacional es realmente una obligación de las fuerzas políticas, tanto del partido en el poder como de las organizaciones sociales y políticas de la oposición real. Urge que los liderazgos políticos tiendan puentes intergeneracionales que faciliten a la nueva generación asumir mayores protagonismos en la nueva Nicaragua. El conocimiento acumulado por la generación de salida se debe juntar con los conocimientos y energías juveniles, no para posponer sus tiempos con falsas promesas, sino para apoyar y catapultar a los jóvenes a asumir y desarrollar los liderazgos con valores de una democracia de muy largo plazo.

Democracia, libertades y oportunidades para superar la pobreza del país serán reales solo con políticas y estrategias claras y realizables que coloquen a nuestra juventud como motor económico, social y político. No hacerlo implicaría entregar al país y a nuestra juventud a una vida mediocre con sueños irrealizables a largo plazo. Evítenlo los jóvenes, defiendan su derecho a seguir siendo factores claves del cambio, siendo verdaderos instrumentos de unidad, para saldar de una vez la deuda histórica de una nueva Nicaragua para todos. Por su propio bien y para el bien de la patria.

El autor es especialista en Educación y Desarrollo Humano.

Opinión responsabilidad social archivo
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