El 20 de enero del 2006 escribí un artículo que titulé “La guerra de las bancadas”. En él comenté un análisis que hiciera a petición de una amiga, sobre las posibilidades políticas de un diputado que ya se vislumbraba como futuro candidato a la presidencia. Creo que no valoró lo que le puntualicé en esa ocasión diez meses antes de las elecciones, el no hacerlo más otros errores que cometió, impidieron que se alzara con la banda presidencial en las elecciones del 2006.
Entre las cosas que le expuse, fue que lograr ser considerado candidato presidencial es algo relativamente fácil, que el camino que conduce a la silla presidencial está empedrada de buenos candidatos, que el secreto consistía en ser considerado el mejor candidato. Le señalé que su apellido le daba grandes ventajas sobre los otros candidatos, ya que nuestra sociedad por su idiosincrasia siente respeto y admiración por ciertas personas que, por su tradición política, condición económica o por ser miembros de algunas familias consideradas primeras de primera según la clasificación del maestro León Núñez. También le expuse que ese activo familiar tendría que ser complementado demostrando que estaba preparado para ser el presidente que el pueblo esperaba y que esto solo se lograba rodeándose del mejor equipo de asesores posible y que procurara mantener alejados a los aduladores que siempre merodean alrededor de los presidenciables. Final de la cita.
He hecho esta breve reseña, porque considero que también es válida para la licenciada Cristiana Chamorro Barrios. Con la observación que, en esta ocasión, el pueblo está auscultando con grandísimo cuidado a cada uno de los precandidatos, por lo que el reto para llenar sus expectativas, en esta ocasión es enorme. Ahora permítanme un comercial, el meteórico ascenso en la opinión pública de la precandidatura de la licenciada Chamorro Barrios confirma lo acertado de mi análisis sobre las posibilidades del diputado en aquel momento.
Ahora paso a describir lo que a mi juicio son los retos que tiene ante sí la precandidatura de la licenciada Cristiana Chamorro Barrios; el primero es aprender a asimilar la crítica que en la medida que entre en calor la competencia por la candidatura, pasarán de cáusticas a malévolas e irremediablemente alcanzarán a algunos miembros de su familia. La segunda es que su activo familiar es su piso electoral y que el cielo es el techo, pero se lo tendrá que construir ella con los escollos que vaya salvando en el tiempo que dure el proceso de la precandidatura. El tercero y no por ello menos importante, es desarrollar en el menor tiempo posible lo que en la jerga política se conoce como olfato electoral. Esta es una virtud o habilidad que el creador no les concede a muchos mortales, para no tener que agotar el espacio permitido a este artículo en explicaciones, permítanme darle dos ejemplos; Ronald Reagan y Bill Clinton. Dejé de último el más importante de todos, me refiero a la capacidad de diferenciar los buenos consejos de los otros.
Para finalizar, termino con una pregunta: ¿Cristiana Chamorro quiere ser solamente candidata de la oposición o aspira a liderar la oposición? Se podría escribir un libro explicando la diferencia, mi experiencia me dice que nuestro pueblo tiene tiempo clamando por un líder, pues candidatos ya tenemos bastantes. La diferencia es que los líderes se distinguen por su capacidad de guiar, de inspirar confianza y entusiasmo. Líder es el que es capaz de ilusionar y lograr que los pueblos realicen los sacrificios que hagan falta para lograr la meta deseada. Termino prediciendo que la ansiada unidad no se dará, pues hay demasiados intereses ocultos evitándola. Una de las poquísimas personas capaces de construirla a pesar de la reticencia de algunos grupos opositores de mentirita es Cristiana Chamorro Barrios, falta saber si está dispuesta a asumir el reto.
El autor es comentarista político.