En defensa de nuestros empresarios

Se dan algunas expresiones sobre los empresarios que son claramente injustas, tal vez desinformadas. Nicaragua necesita reconocer y dignificar a sus empresarios privados y su función como los generadores de riqueza para el país, junto con los trabajadores. Los empresarios son creadores de empleos, de recursos para el Estado vía impuestos, de la inversión arriesgando su capital y su trabajo. Son imprescindibles para el crecimiento económico y el progreso como motores impulsores de la economía, contribuyendo al bien común y al bienestar general de todos los ciudadanos. Es tiempo de reconocer la labor que hacen y no menospreciarlos, mucho menos denigrarlos.

No soy empresario. He vivido de mi trabajo como profesional del Derecho y de la comunicación brindando mis servicios profesionales tanto al sector privado como al sector público, además de compartir mis conocimientos como profesor en colegios y universidades. Pero hoy escribo en defensa de los empresarios porque las cosas infundadas que se han dicho contra nuestra empresa privada merecen una aclaración. Porque hay quienes tienen en el peor concepto al sector privado empresarial afirmando que sus empresas solo los benefician a ellos, ignorando los millones de empleos generados y los impuestos pagados.

En un sistema capitalista de libre empresa hay tres pilares fundamentales para sostener la economía: los trabajadores, los empresarios y el Estado. No necesito destacar el papel fundamental y el inmenso valor de los empleados de todos los niveles —también fuente de toda riqueza—, dignos de admiración y protección con justicia social. En cuanto al Estado, este debe ser facilitador para que se desarrollen las empresas privadas, mantener la seguridad ciudadana y el orden público, y suplir a la iniciativa privada cuando esta no esté en capacidad de atender las necesidades básicas de toda la población. El Estado, practicando la democracia, elecciones libres, división de poderes, el derecho y la libertad, debe favorecer la economía creando confianza para la inversión privada. Sin democracia verdadera la empresa privada no prospera y por consiguiente así, sin empresas prósperas, no prospera ningún país.

(Hago un paréntesis para aclarar que el sistema capitalista de libre empresa no solo existe en el liberalismo con justicia social que modernamente reconoce la necesaria intervención moderada del Estado en la economía, alejándose del individualismo egoísta que produce un capitalismo salvaje; sino que también hay diversos tipos de socialismos, como la social democracia, que sostienen un sistema capitalista de libre empresa y respeto al derecho de propiedad, aunque con mayores regulaciones y más intervención estatal que en el liberalismo. Los países capitalistas más desarrollados del mundo —como, por ejemplo, Alemania, Francia, Suecia, Noruega, Australia o Canadá— han sido democráticamente gobernados por socialistas y socialdemócratas, alternando con liberales y conservadores. Así que, de paso, aclaro que confundir al comunismo con todo tipo de socialismo o con todo tipo de izquierda es un error garrafal y una falsedad frecuentemente repetida. Hay quienes defendemos orgullosamente un liberalismo de centro-izquierda).

Volviendo a nuestros empresarios, debo decir que los hay grandes, medianos y pequeños; hay empresarios financieros, industriales, comerciantes, agropecuarios, comunicadores, prestadores de servicios, etc. Pero todas —desde una fábrica de refrescos hasta la pulpería que los vende— son empresas y sus dueños son empresarios privados. Empresarios que en Nicaragua han demostrado su patriotismo con posiciones firmes ante las dictaduras y luchando por la democracia.

Termino refutando dos cuestionamientos que se hacen: 1) Dialogar y llegar a acuerdos con cualquier gobierno para evitar desastres económicos que traigan miseria al pueblo, especialmente cuando los políticos están ausentes, timoratos o lentos, no es algo de lo cual los empresarios deban avergonzarse; deben hacerlo siempre que sea necesario. 2) Pedir a los empresarios un paro nacional es un disparate, pues eso no botaría ningún gobierno y quebraría a muchas empresas, dejando en el desempleo a miles de trabajadores y en la miseria a millares de familias nicaragüenses.

El autor es abogado y comentarista de temas políticos y religiosos.
www.adolfomirandasaenz.blogspot.com

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