Y, sin embargo, la poesía vive

Del 14 al 21 de febrero se realizó la XVII edición del Festival Internacional de Poesía de Granada, de manera virtual por la pandemia del Covid 19 que azota al mundo.

Sin duda que ha sido una hazaña realizar este festival, no solo porque se tuvo que hacer en línea obligado por la emergencia sanitaria mundial, sino también debido a la gran estrechez económica causada por la crisis que sufre Nicaragua. A lo que se debe agregar el muy escaso apoyo de la empresa privada para el financiamiento del festival.

Pero la poesía vive a pesar de tantas adversidades. Ernesto Sábato, eminente y centenario escritor argentino fallecido en 2011, dijo que es admirable que haya personas que sigan luchando y creando belleza en medio de un mundo bárbaro y hostil. La reflexión de Sábato pareciera referirse a los poetas nicaragüenses Francisco de Asís Fernández (Chichí) y su esposa Gloria Gabuardi, presidente y secretaria ejecutiva, respectivamente, del Festival Internacional de Poesía de Granada, quienes apoyados solo por un grupo de creadores y promotores de la cultura poética nacional y universal, y prácticamente trabajando con las uñas, han hecho posible su exitosa realización.

Poetas de 77 países participaron en el festival que esta vez fue realizado en homenaje de la poeta nicaragüense Ana Ilce Gómez y en memoria de la poeta salvadoreña Claudia Lars. Además, según sus organizadores se ha realizado en el marco del bicentenario de la Independencia de Centroamérica, “por la vida, la libertad, la justicia y la paz del mundo”. Esta ha sido una invocación auspiciadora muy apropiada, por las circunstancias del país y del mundo actualmente.

A lo largo de los 8 días que duró el festival, poetas consagrados y famosos en sus países y a nivel internacional, así como nuevos y ascendentes creadores de poesía, desfilaron en el escenario virtual del magno evento cultural. Lamentablemente no se pudo hacer en esta ocasión el vistoso Carnaval Poético que en cada festival recorre las calles de Granada, ni los poetas participantes pudieron desplazarse hacia las ciudades vecinas para declamar en ellas sus hermosas creaciones, ni fue posible el funeral de las cosas malas que en ocasiones anteriores ha enterrado simbólicamente el desamor, la discriminación y el odio y la violencia, entre otros males que afligen a la gente.

“El hombre sordo a la poesía es un bárbaro”, escribió Goethe, insigne poeta alemán de la segunda mitad del siglo XVIII y primera parte del XIX. Es que la poesía no solo es una creación bella y grata al oído y al espíritu humano. También promueve valores, enaltece la dignidad de las personas, alienta la búsqueda de la libertad y es una magnífica herramienta cultural para la construcción del progreso humano moral y material.

La empresa privada, a pesar de sus propias dificultades debería apoyar más al Festival Internacional de Poesía de Granada. Hay que verlo como una pieza muy importante de la responsabilidad social empresarial.

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