El expresidente de los Estados Unidos (EE. UU.) de América, Donald Trump, creó en 2020 una Comisión Asesora cuyo propósito declarado era “permitir a una nueva generación comprender la historia y los principios de la fundación de los Estados Unidos en 1776 y esforzarse por formar una Unión más perfecta”; advirtiendo que dicho esfuerzo busca una restauración de la educación estadounidense que permita el redescubrimiento de una identidad compartida arraigada en los principios fundacionales de dicha nación. Asimismo, tenía como objetivo desvirtuar la noción de que el país es “irredimible y sistémicamente racista”; presentando una alternativa a la altamente criticada “teoría de raza crítica» (critical race theory), a la controversial obra Una historia popular de los EE. UU., de Howard Zinn, así como al extrañamente célebre Proyecto 1619, del New York Times, el cual toma su nombre del año de llegada a Virginia de un barco que transportaba esclavos africanos.
El Proyecto 1619 sostiene que EE. UU. fue realmente fundada sobre la base de una conveniente esclavitud racial y un interés de proteger la institución de la esclavitud en las colonias, lo cual resultó en una inevitable desigualdad y un sistemático racismo que aún perdura. Dicha “teoría” —que prácticamente llega al punto de proponer que 1619 es el año que debe considerarse como fecha de fundación en la historia de los EE. UU.— ya ha sido adoptada como una herramienta educativa en algunas escuelas de ese país. Sin duda, el Proyecto 1619, el cual contiene una serie de argumentos hilvanados con extrema libertad y falta de celo a la realidad histórica, tiene como objetivo principal atacar al capitalismo; empañándolo y vilificándolo al asociarlo con la esclavitud. Sin embargo, es fácil comprobar —a través de la amplia evidencia histórica documentada— que ese proyecto busca contextualizar la historia de dicha nación únicamente amplificando los errores que se han dado en la historia de los EE.UU., sin considerarlos a la luz de otros hechos que abordan las preocupaciones y aspiraciones de los Padres Fundadores de EE. UU.
Ante todo esto, aplaudo la iniciativa y el propósito de la Comisión Asesora creada por el expresidente Trump, pues además de contrarrestar los efectos peligrosamente ambiciosos y dañinos de los constantes esfuerzos por tergiversar la historia de EE. UU., dicha Comisión nace con la intención de cultivar una mejor educación entre los estadounidenses en cuanto a historia y a los principios e instituciones de su gobierno constitucional. No es secreto que múltiples encuestas muestran una tendencia negativa preocupante en la educación cívica estadounidense y que, además, numerosos reportes muestran que menos de una cuarta parte de los estudiantes de octavo grado logran un desempeño competente en su educación cívica.
Por tanto, parece acertado que la enseñanza en las escuelas y en las universidades estadounidenses —en las cuales desde ya hace muchos años se concentran focos de “antiamericanismo”— retome los ideales unificadores enunciados en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América y les recuerde cuán significativa es la tradición de EE. UU. de libertad de expresión, libertad de prensa y libertad de movilización. ¿Y qué mejor nombre para lo Comisión que lideraría esa noble labor que “Comisión 1776”?, en honor al año del pronunciamiento adoptado por la Segunda reunión del Congreso Continental en Filadelfia, Pensilvania, conocido como La Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América. Asimismo, esa enseñanza debe enaltecer la historia estadounidense, que es la historia de un pueblo que, aún con dificultades y tropiezos, constantemente lucha por estar a la altura de los ideales fundacionales de su nación. La resiliencia en esa lucha ha formado y permitido una sociedad extensa y multiétnica que es sólida y democrática, y a la vez libre y próspera. Redescubrir esa singular realidad, que a su vez es la identidad compartida y arraigada en los valores y principios fundacionales de la Unión de esos primeros Estados, es el camino que permitirá el regreso hacia una unidad estadounidense renovada e inspiradora.
En su informe sobre la labor de la Comisión 1776, el expresidente Trump manifestó que esperaba que el reporte producido por dicha Comisión se utilizara en las aulas de clases de todo el país, enalteciendo y admirando los “ideales elevados” defendidos por los fundadores de la nación, y a la vez condenando el auge de la política progresista, el comunismo, el fascismo, el racismo y las “políticas de identidad”. Grandioso sería ver a las nuevas generaciones rechazar esa noción de que es más “progresista” pensar en uno mismo como una víctima en vez de como un actor; así como verlas entender que la nueva “izquierda” es totalmente incompatible con el constitucionalismo estadounidense, al igual que con los valores y principios fundacionales. Estos últimos no son congruentes con corrientes políticas que promueven una construcción cultural compleja que juega con las fragilidades humanas, las emociones y la culpa, que “identifica” por raza e instruye a unos para que se sienta culpable por su color de piel; dando lugar a lo que desafortunadamente se ha etiquetado como “estudios de opresión”.
El Reporte de la Comisión 1776 se publicó el 18 de enero de 2021. Además de resaltar todos los temas anteriormente señalados, en una de sus páginas bien dice: “…ni los EE. UU. ni ninguna otra nación ha realizado perfectamente las verdades universales de la igualdad, libertad, justicia y gobierno por consentimiento de los gobernados; pero también es muy cierto que ninguna nación antes que EE. UU. siquiera se atrevió a declarar esas verdades como la base formal para su política, y tampoco ninguna se ha esforzado más, o hecho más, para lograrlos”.
A pesar de lo importante y loable de la labor y propósito de la Comisión 1776, en una orden ejecutiva firmada en su primer día en el cargo, el presidente Biden la disolvió y además inmediatamente retiró del sitio web de la Casa Blanca el informe que había sido recientemente publicado (el cual puede hoy encontrarse en https://trumpwhitehouse.archives.gov/wp-content/uploads/2021/01/The-Presidents-Advisory-1776-Commission-Final-Report.pdf). Esa decisión precipitada y motivada por revanchismo político es contraria al mensaje de unidad que elocuentemente repite el presidente Biden día tras día. Los hechos de la fundación de EE. UU. no son temas partidarios, son temas de historia documentada. Es una gran lástima que el reporte haya sido descartado de esa forma por la administración entrante, sin siquiera instar a los educadores de la nación a reconocer, explorar y enseñar a sus alumnos los temas unificadores y patrióticos de la historia estadounidense, que tanta falta hace y tanto bien haría.
En el 150 aniversario de la firma de la Declaración de Independencia, el presidente Calvin Coolidge transmitió claramente ese pensar: “A menudo se afirma que el mundo ha hecho mucho progreso desde 1776… y que, por lo tanto, podemos descartar muy bien sus conclusiones por algo más moderno. Pero ese razonamiento no se puede aplicar a esta gran carta. Si todos los hombres son creados iguales, eso es definitivo. Si están dotados de derechos inalienables, eso es definitivo. Si los gobiernos derivan sus justos poderes del consentimiento de los gobernados, eso es definitivo. No hay avance, no se puede hacer ningún progreso más allá de estas proposiciones”.
El autor es Abogado y Notario Público.