¿Quiénes deberían entrar al Salón de la Fama del Beisbol Nacional?

El Salón de la Fama del Beisbol Nacional es una oportunidad para reconocer a los jugadores que realmente trascendieron en el tiempo

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Aun cuando no tenemos una masiva colección de estrellas o jugadores legendarios que hayan burlado el paso de los años, el beisbol nacional sí ha producido figuras que no podrán ser borradas por el olvido y que forman parte del patrimonio sentimental de los aficionados.

Y reconocerlos a ellos debe ser la misión del Salón de la Fama del Beisbol Nacional, que ha sentado las bases para erigirse como el sitio donde se preserve la historia y se le devuelva al fanático, que es a quienes corresponde.

Ojalá sea un Salón de la Fama del Beisbol para famosos de verdad, para atletas que dejaron huella y cuyo recuerdo sobrevive sin fisuras al paso del tiempo. Un salón que sea distinguido, que genere respeto y credibilidad.

Entre la gente convocada para formar su directiva y comité elector, hay personas que deben ser muy útiles por sus conocimientos y dominio de la historia. Eso debe permitir ingresos precisos y justos en cada promoción.

El Salón de la Fama de las Grandes Ligas, asentado en Cooperstown, Nueva York, se fundó en 1939, es decir, 64 años después de creada la Liga Nacional (1875) y 39 años luego de la apertura de la Liga Americana.

Sin embargo, aquel año solo entraron cinco peloteros. Los considerados más legendarios en el momento: Ty Cobb, Babe Ruth, Honus Wagner, Christy Mathewson y Walter Johnson. Nadie más, aunque había tantos candidatos.

Aquí se podría hacer igual. La primera promoción solo de astros que trascendieron: Dennis Martínez, Vicente Padilla, Marvin Benard, Porfirio Altamirano y Albert Williams.

O bien podría ser, Dennis, Padilla, Benard, Porfirio, Stanley Cayasso y Nemesio Porras. Y así sucesivamente irán entrando los Wilton López, Antonio Chévez, Everth Cabrera, Pedro Selva, Ernesto López, José Ángel “Chino” Meléndez, René Paredes y David y Eduardo Green, entre otros.

Si hay ingresos masivos, no habrá distinción y mucho menos respetabilidad. Este Salón de la Fama debe ser la meta, la culminación de una gran trayectoria para sus inquilinos, no para cualquiera, para astros no para buenos.

Por eso es valioso que en la directiva y comité elector se encuentren personas de diversas generaciones para que hagan valoraciones precisas y no motivadas por la identificación con su época.

El Salón de la Fama es una buena oportunidad para que se haga el reconocimiento en su justa dimensión a quienes se han elevado más alto que los demás en el beisbol, aún el deporte número uno aquí de los nicaragüenses.

Como en Cooperstown, el fin debería ser reconocer la excelencia, preservar la historia y unir generaciones. Esa es la oportunidad que tiene el naciente Salón de la Fama del Beisbol Nacional.

Edgard Rodríguez está en Twitter: @EdgardR

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