Niños y niñas asisten a las escuelas de la comunidad Francia Sirpi en el Caribe Norte. LA PRENSA / TOMADA DEL 19 DIGITAL

Niños y niñas asisten a las escuelas de la comunidad Francia Sirpi en el Caribe Norte. LA PRENSA / TOMADA DEL 19 DIGITAL

Francia Sirpi: «Los niños que quedan en casa, quedan con hambre»

La merienda escolar llegó, pero no toda la niñez de la zona tiene acceso a estos alimentos. Las familias de la comunidad indígena a diario se enfrentan al dilema de cómo alimentar a sus hijos

Arroz, frijoles y tortilla. Tortilla y frijoles. Solo arroz. Musáceas. Alimentarse al menos un tiempo al día es el desafío de los habitantes de las comunidades indígenas del Caribe Norte de Nicaragua, zona que hace tres meses fue azotada por los huracanes Eta y Iota y que aún no logran recuperarse de los daños. Perdieron sus pocos cultivos y a pesar de que intentan cultivar para sobrevivir, las condiciones son adversas: ni siquiera hay agua.

A diario, las familias se enfrentan al dilema de qué hacer y cómo alimentar a sus hijos, los más expuestos a la desnutrición aguda o crónica. Los niños y niñas activos en las escuelas de la comunidad Francia Sirpi van a la escuela de lunes a viernes y reciben la merienda escolar que el Ministerio de Educación (Mined) les provee. Pero los que no asisten por distintas razones, sufren por hambre en sus casas.

La merienda escolar está compuesta por arroz, frijoles, maíz (tortillas) y cereal. Son las madres las que preparan los alimentos y aunque muchas más familias en la zona atraviesen crisis alimentaria, los platillos están dirigidos a quienes asisten a clases de grados primarios. El líder comunitario Ramos Austin Brown explicó a LA PRENSA que en la comunidad Francia Sirpi, del territorio Wangki Twi-Tasba Raya, existen tres escuelas: dos de primaria y una de secundaria.

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«Aquí vienen a dejar la provisión y las madres tienen que buscar como cocinarla. Se les da una vez al día, pero según un delegado del Mined que anduvo el jueves por acá, hay órdenes de darles dos veces: a la hora de entrar y salir de clases, ojalá que sea así porque hay una necesidad muy grande», sostiene Brown. En dicha comunidad habitan aproximadamente 378 familias, la mayorías con varios niños y niñas en ellas.

Sin recursos

Brown confiesa que el principal problema al que se enfrentan las mujeres al momento de elaborar los alimentos se da por la falta de agua, debido a que muchos pozos aún están contaminados por lodo y basura, como consecuencia de los ciclones, y los pocos que están limpios en época de verano se secan.

«El problema más grande es el agua (…) las mismas madres tienen que jalar el agua y buscar leña para cocinar», describe el líder comunitario.

Pozos contaminados tras el paso de los huracanes Eta y Iota en Nicaragua. LA PRENSA / CORTESÍA: BRISA BUCARDO
Pozos contaminados tras el paso de los huracanes Eta y Iota en Nicaragua. LA PRENSA / Cortesía: Brisa Bucardo

El 11 de enero, el asesor presidencial para asuntos educativos, Salvador Vanegas, afirmó que la primera caravana de 198,800 quintales de alimentos —divididos en 53,000 quintales de arroz, 37,000 de frijoles, 51,000 de cereal, 8,000 de harina, 49,000 de trigo y una cantidad de aceite— salió rumbo para los departamentos de Nueva Segovia, Madriz, Estelí y la Costa Caribe Norte, aunque no se especificó cómo sería la distribución y si se priorizaría a la niñez costeña.

Sin embargo, hay otro factor que preocupa; la paradoja de ir a clases y alimentarse, pero exponerse al Covid-19, o quedarse en casa con hambre. Brown lamenta que el regreso a clases en las comunidades indígenas no se dé bajo las medidas de prevención por el Covid-19 y que las autoridades correspondientes ni siquiera doten de alcohol a las escuelas a las que asisten los niños. La situación de precariedad que atraviesan las familias es muy grande y buscan sobrevivir con lo poco que tienen. No les da para más, menos para comprar mascarillas o insumos de higiene sanitaria para la prevención de contagios del virus.

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«Aquí iniciaron las clases normales, no usan mascarillas ni los alumnos ni los maestros, tampoco hay un taco de jabón para lavarse las manos, no hay posibilidad, porque ¿de dónde vamos a conseguir mascarillas para la población, incluyendo los alumnos?», dijo Brown.

Los más pequeños siguen con hambre 

El líder comunitario también lamentó que la merienda no sea dirigida a niños y niñas que no tienen edad para asistir a clases y que sufren hambre en sus viviendas, donde los padres no tienen mucho que ofrecerles por la falta del cultivos.

«El alimento es el problema más grande en estos momentos, porque los dos huracanes afectaron mucho las plantaciones. Antes en tiempo de hambruna los adultos le cocinaban musáceas a los niños por lo menos algo para comer, pero de todo eso no hay nada, con costo se está sembrando hasta ahora, con lo poquito que tenemos estamos comiendo solo arrocito, los niños sin vitaminas, sin nada, vamos cada día más para abajo», indica Brown.

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Insistió en que la crisis alimentaria afecta directamente a la niñez. Clama a las autoridades gubernamentales por que no se olviden de ellos, que cumplan con el saneamiento de sus tierras que durante años han sido invadidas por colonos armados, lo que no solo desplaza a los comunitarios sino que los priva de recurrir a los recursos naturales, otra fuente de alimentación limitada para estas comunidades.

«Los que llegan a clase se les da la merienda, pero los niños que quedan en la casa, quedan con hambre, todo el día pasan con hambre, a veces la mamá y el papá tienen que salir de la casa a buscar algo, pero sabemos que las zonas donde se pesca están invadidas por colonos y nos buscan solo para matarnos, se tiene mucho temor. No sabemos qué vamos a hacer, no vemos a alguien que nos quiera dar apoyo con alimentos, no tenemos. Ahorita para sobrevivir se tiene que luchar», concluye Brown.

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