Ecuación social…

Magistralmente Alejandro Dumas señala en su obra La dama de las camelias: “¡Los esfuerzos de todos los hombres inteligentes tienen el mismo fin, y todas las fuerzas y voluntades se encaminan al mismo principio: Seamos buenos, seamos indulgentes, seamos sinceros! Tengamos el orgullo de ser buenos y sobre todo, no perdamos nunca la esperanza”. (Pág. 31. Editorial Sopena Argentina SRL. Edición de 1953). Por supuesto, la esperanza, la paz y voluntad son la madre de todas las virtudes, para ir sobre cánones deseables para lo bueno, esa es la ambición sana añorada.

Vistas las dificultades por todos lados, y como desafortunadamente anda el orbe, es oportuno buscar con humildad la razón de la verdad, y sobre todo que habite en la conciencia, especialmente en nuestro país, soluciones alternas al conflicto como puntos convergentes de concordancia para el futuro, y no cauterizarlo como un fierro de marca.

Hay que estimular la convivencia humana, vivir en paz, cordialidad, entendimiento, comprensión, alejado de la soberbia, que no conlleva a ningún fin agradable, claro no se puede quedar blanco como la nieve, sería absurdo, pero tampoco es permisible se lance al fondo del mar un futuro precioso que cabalga, así como otros menesteres que se pueden ir desarrollando diario.

Es justo repoblar el pensamiento, reacomodarlo, renovarlo, deslindando en lo ideal justo y necesario, teniendo en cuenta que existe el derecho a la esperanza, y no a desequilibrios, sino a una estabilidad, responsabilidad social, cultural, de comprensión, y etc., para que continúe imperando el futuro.

Esta es la sustancia de la igualdad entre dos expresiones o más…, que se interconectan a través de valores de incógnita, y de ciertos datos conocidos, siendo la solución de ciertos procedimientos veraces, encontrando el valor que verdaderamente satisfaga. En todas las sociedades, especialmente en la nuestra, existen valores y existen antivalores, entonces, buscando una resolución alterna ante estos conflictos y llegando a concretar qué es lo peor por lo mejor, ahí se estaría haciendo una conjunción de verdad para mejorar más las demandas de todo por el bienestar común.

Que el pensamiento, las ideas, la cultura, el bienestar social, la política, y etc., sean una fidedigna realidad conforme a los medios que se tengan, con hechos concretos, y que no rece de caer en un “estado mítico”, que sea un tesón de una estructura jerárquica laboriosa y sistemática, evitando ser inmigrantes del futuro, mejor ser el contenido de acuerdos, en altas y claras voces de paz, prosperidad, concordia por el bien de nuestra patria.

En el poema ANÀGKE, en una de sus estrofas letrísticas Rubén Darío nos enseña, así: “Y dijo la paloma: /-Yo soy feliz. Bajo el inmenso cielo, / en el árbol en flor, junto a la poma / llena de miel, junto al retoño suave, / y húmedo por las gotas del rocío, / tengo mi hogar. Y vuelo, / con mis anhelos de ave, / del amado árbol mío / hasta el bosque lejano, / cuando el himno jocundo / del despertar de Oriente, / sale el alba desnuda y muestra al mundo / el pudor de la luz sobre su frente”. Rubén Darío fue un profeta que se adelantó al tiempo, aquí nos conduce encontrar la esencia de paz, tranquilidad, ser sincero, sensatos, para poder ver nacer el nuevo tiempo, y mostrar la luz de la felicidad del mañana que alumbrará el camino y las mentes de los que gobiernen el futuro de nuestra nación nicaragüense.

La esperanza inagotable en todos los tiempos es necesaria. Y no es convincente cambiar el signo de la paz por otro.

El autor es abogado y notario público.

Opinión Verdad archivo
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