A menos de nueve meses de las elecciones generales que deben ser limpias, libres, transparentes, observadas y que la Constitución Política señala para el domingo 7 de noviembre, hay un frenesí político de candidatos o precandidatos distrayendo la atención ciudadana opuesta al FSLN, no queriendo recordar que no hay un partido opositor creíble en el país que entusiasme al pueblo. Lo atestigua la mayoría de la población nicaragüense y que reflejan todas las encuestas. Como consecuencia ubican a todos los partidos políticos existentes llamados de oposición con una captación de votos no más allá del 5 %, por ser colaboracionistas o partidos zancudos.
ProVoto lanzó una campaña de concientización y estímulo del voto que empezó a explicar con el objeto de que organismos internacionales se interesen y se hace con la mejor buena fe e independencia política. Al rodar las explicaciones con preliminares sondeos, se encontró con la primera reacción fuerte en la ciudadanía opuesta al FSLN. Preguntan en qué partido creíble de oposición iría el candidato y qué estímulo tengo para votar. No hay respuesta. Y es que el conglomerado democrático está adormecido, decepcionado y asoma el riesgo inminente de que no vayan a votar si no se les motiva para ello. Están desmotivados por los pactos Alemán-Ortega del 2000, el de Eduardo Montealegre que entregó el triunfo a Daniel Ortega en 2006 sin haberse contado el 8.5 % de los votos y para no ir a la cárcel por los Cenis, el cogobierno del Cosep con el FSLN hasta el 2018 a base de exoneraciones fiscales que generó profundas deficiencias democráticas y la falta de una oposición real y organizada. Esta abstención elevaría esos índices a más del 60 % que no favorece a la oposición nicaragüense. Le disminuye su oportunidad de alzarse con una victoria y fortalece al partido gobernante, que ha incrementado su caudal de votantes al 25 por ciento, según la encuesta reciente de CID Gallup.
Lo que se nota es más división y candidatos o precandidatos pero sin la organización política que parezca creíble en la que este sector opositor pueda confiar, les atraiga y los pueda mover de sus casas a las Juntas Receptoras de Votos (JRV) en noviembre. No se conocen nuevos y atractivos programas de gobierno, una nueva ilusión democrática que los estimule, los haga sentir, los convenza y puedan ver que en el horizonte está la presea de una democracia, un Estado de derecho, paz, justicia y progreso, porque sencillamente no existe ante sus ojos esa organización política emergente nueva y robusta de la que emane ese mensaje pero plenamente respaldado por una estructura y un tejido ciudadano y que se llama partido. Del otro lado, sí existe uno bien organizado, con estrategias y poder. Una desigualdad electoral y partidaria notoria. No es lo mismo que el 80 % en abril y mayo del 2018 haya rechazado al FSLN, que ganarle una elección ni significa que ese 80 % saldrá de sus casas para ir a votar. Los mejores candidatos o precandidatos pueden emerger y no dudo de que en el país pueden existir, ya que a todos los nicaragüenses nos asiste ese derecho, somos más de seis millones en el territorio y otro millón en el exterior. En la práctica política universalmente aceptada, es el partido quien recluta al candidato mediante un proceso y lo catapulta con fortaleza para su triunfo. No al revés. No es sustituible tampoco esa atribución partidaria porque en Nicaragua se participa en las elecciones solo con partidos políticos. La lógica electoral no variará por ser nuestro país y pensar que somos una excepción. Si la oposición la quiere invertir, fracasará. Se debe pensar ya en la fuerza emergente política nueva descrita que le conviene, y no solo eso, que conviene a todos, al país, porque puede legitimar los resultados de una elección si el proceso electoral es limpio, libre, transparente y observado. Hay tiempo suficiente para solicitar ese partido y ocho meses para su desarrollo y campaña. Después de un análisis serio, ninguno de los existentes partidos de oposición resiste un análisis riguroso de popularidad, ni de independencia política como tal ni es capaz de lograr alterar la política tradicional. Todos son señalados por el pueblo de colaboracionistas del partido de gobierno y no gozan de la preferencia de las dos terceras partes de los votantes en las encuestas últimas de Diálogo Interamericano, ProVoto y CID Gallup.
El autor es presidente de ProVoto.