En su alocución del miércoles de esta semana, la codictadora de Nicaragua doña Rosario Murillo de Ortega volvió a decir que quienes gobernaron el país después de la Revolución sandinista de 1979 a 1990, eran “una casta entreguista, aprovechada y saqueadora”. Aunque sin mencionar por su nombre a la presidenta Violeta Barrios de Chamorro, quien gobernó democráticamente del 25 de abril de 1990 al 10 de enero de 1997, sin duda que la señora Murillo se refería a ella.
Al parecer doña Rosario sigue alterada por la probabilidad de que Cristiana Chamorro Barrios, hija de doña Violeta y heredera de su legado político, pudiera ser candidata presidencial en caso de que Daniel Ortega cumpla su obligación de realizar elecciones libres, competitivas y observadas. En unas elecciones así Ortega perdió ante doña Violeta y en otras iguales, o parecidas, Cristiana lo podría volver a derrotar inclusive con mayor contundencia.
Angustiada por esa probabilidad, doña Rosario dijo el miércoles pasado que en el gobierno de doña Violeta “hasta con los rieles del tren arrasaron”. “Todo mundo sabe quién se robó el tren, a dónde están los rieles, a dónde están las ruedas, quiénes se beneficiaron…”, aseguró Murillo.
En realidad, no todo el mundo sabe lo que pasó con el ferrocarril, muchas personas lo ignoran y otras lo falsifican, como doña Rosario. Nosotros le vamos a recordar por qué y cómo fue el fin del ferrocarril, con palabras de Antonio Lacayo Oyanguren (q.e.p.d.), ministro de la Presidencia de doña Violeta y su yerno por haber sido esposo de Cristiana Chamorro Barrios. Antonio Lacayo escribió en su libro La difícil transición nicaragüense que el gobierno de doña Violeta encontró moribundo al ferrocarril. Pero con la honestidad intelectual y política que no tienen los que ahora detentan el poder, Lacayo reconoció que “el gobierno del Frente Sandinista también había encontrado al momento de la revolución de 1979 un ferrocarril en situación deplorable”.
Y reconoce Antonio Lacayo los esfuerzos que hizo el gobierno sandinista para tratar de salvar el ferrocarril, con estudios de técnicos búlgaros, españoles y cubanos, y gestionando financiamiento del BCIE. Pero sus esfuerzos fueron inútiles. Hasta que el huracán Aletta de mayo de 1982 destruyó infraestructuras principales y golpeó mortalmente al ya desvencijado ferrocarril.
Pero el tiro de gracia se lo dio el mismo sandinismo, cuando después de perder las elecciones de 1990 saqueó todo el Estado y, para decirlo con las propias palabras de doña Rosario, se llevó hasta los rieles del tren. Pero además, al salir del poder los sandinistas dejaron el ferrocarril con una deuda enorme e impagable y las planillas llenas con centenares de empleados fantasmas con grandes sueldos asignados.
El gobierno de doña Violeta sostuvo por un tiempo el ferrocarril, a base de subsidios aunque los recursos eran escasos. Hasta que se vio obligada a clausurarlo y vender su chatarra para medio cubrir las deudas y los costos asociados con los últimos años de operaciones que solo pérdidas producían.
De manera que si hay que buscar culpables de la desaparición del ferrocarril, se debe señalar primero al somocismo, que privilegió el transporte por carreteras; después, el desastre causado por el huracán Aletta; pero sobre todo la piñata mediante la cual los “revolucionarios” sandinistas saquearon todo lo de valor que tenía el Estado, y hasta sus despojos, como el caso del ferrocarril.