Muchos candidatos, pero ninguna elección

No hace mucho escribí un artículo que titulé “Otra vez poniendo la carreta delante de los bueyes”. En él me refería a que primero deberían haberse creado las condiciones electorales, para luego pensar en candidaturas. En esa ocasión hubo diversas opiniones sobre mi planteamiento, unas de acuerdo, otras no tan de acuerdo y una de mucho peso nada de acuerdo. A la fecha, creo que el calendario me está dando la razón, pues hoy tenemos más de media docena de candidatos presidenciales, pero no vislumbro por ningún lado las elecciones donde vayan a participar. Por el contrario, a cada momento el régimen se radicaliza más y comienzo a creer que nos acercamos una vez más a un proceso que pueden llamarle como quieran, menos elecciones. Pues serán como los anteriores, es decir fraudulentas e ilegítimas, al mejor estilo de Roberto Rivas, el mismo que acuñó la frase; ya tenemos los resultados, lo que hacen faltan son las elecciones.

En mis dos últimos artículos, he insistido en preguntarle a los candidatos a presidente, lo mismo que a algunos jóvenes y no tan jóvenes políticos, si están conscientes a quién están enfrentándose y si vislumbran hasta dónde está dispuesto a llegar la dictadura, defendiendo un botín de varios miles de millones de dólares. Hasta ahora el único que me ha respondido con sus acciones, es la dictadura misma y la respuesta no creo que sea del agrado de nadie. La ley de ciberdelitos, la ley de agentes extranjeros y la más reciente, Ley 842 —ley de protección al consumidor—, todas ellas nos están diciendo que están siguiendo al pie de la letra la consigna de Tomás Borge. “Hagamos lo que tengamos que hacer, lo peor que nos puede pasar es perder el poder”. ¿Qué podemos hacer como oposición ante semejantes aberraciones convertidas en ley? Desgraciadamente, debido a la brutal represión creo que muy poco.

Por ello, no me canso de exponerles a los candidatos que claman por la unidad, que esta la construyen los verdaderos líderes con su carisma, y su ejemplo. La última encuesta de CID Gallup me dio la razón, pues el 62 por ciento de los nicaragüenses están unidos y hartos de sandinismo. Lo que hace falta es el líder a quien seguir, pues no confían en ninguno de los partidos que se dicen opositores ya que, en el pasado, todos, repito todos, se han prestado a legitimar los fraudes electorales que han mantenido esta dictadura en el poder.

Ahora quiero referirme a la Ley 842, que protege a los sancionados por el gobierno norteamericano de las consecuencias de sus aberraciones contra nuestro pueblo, ya que dichas sanciones según esa ley, no podrán ser aplicadas por ninguna institución bancaria en el país. Al respecto solo puedo decir que el régimen va con todo una vez más, solo que en esta ocasión es contra los banqueros (sus antiguos aliados), a la vez que pone a prueba el compromiso de la administración del presidente Joe Biden con nuestra democracia. Aunque pensándolo bien, el mensaje al imperio va más allá, pues lo ridiculiza y expone ante el resto del mundo como un país incapaz de hacer cumplir las disposiciones de su gobierno en defensa de las democracias del mundo.

Se equivocan los que creen que Daniel Ortega está construyendo un muro para demolerlo en una negociación. Lo que está haciendo es quemar las naves para impedir cualquier intento de repliegue de sus seguidores y dando los pasos para repetir el gobierno de los ochenta, solo que en esta ocasión mandó al carajo las ideologías, convirtiéndose en un vulgar dictador al mejor estilo de las dictaduras del siglo pasado, llámense Duvalir, Trujillo o Somoza. En pocas palabras, si hay elecciones el próximo 7 de noviembre el poder no estará en juego, desgraciadamente vislumbro más de un partido zancudo haciéndole el juego.

El autor es comentarista político.

Opinión
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