Había una pareja —hombre y mujer— hace muchos años en un país lejano al nuestro llamado Escocia, cuya ambición por el poder y el dinero no tenía límites. En aras de alcanzar sus codiciosas metas no escatimaron en cometer horrendos crímenes y felonías, pues para ellos el fin justificaba los medios, en consonancia con la frase que se le atribuye a Maquiavelo. Su historia fue recogida en una obra magistral escrita por el universal poeta inglés William Shakespeare y hoy es considerada en todo el mundo, como la encarnación viva del despotismo y la tiranía. Es la historia de Macbeth y Lady Macbeth, que por aferrarse al poder anduvieron mal y terminaron mal, como todas las dictaduras.
Otro día escribiré más sobre esta fatídica pareja que cada día se parece más a la de los Ortega-Murillo, por hoy solo me voy a limitar recordando que Abraham Lincoln (1809-1865), uno de los mejores presidentes en la historia de Estados Unidos, expresó que “Macbeth es el mejor retrato de la tiranía y la ausencia de escrúpulos”, más o menos como se conoce actualmente fuera y dentro de Nicaragua al binomio de los Ortega-Murillo.
La verdad es que cuando la opinión pública latinoamericana —generalmente bien informada— escucha hablar de que en noviembre del presente año habrá elecciones de autoridades supremas en Nicaragua y de que los candidatos principales del FSLN serán los mismos de siempre (los Ortega-Murillo), se muestran estupefactos porque no son ajenos a los crímenes de lesa humanidad que estos han cometido y siguen cometiendo en contra del inerme pueblo nicaragüense y porque dan por sentado que “hay leyes en la vida que son inviolables y una de ellas es que nadie escapa de su pasado”. Entonces se preguntan: ¿Cómo es posible que después de todas las atrocidades que han cometido los Ortega-Murillo tengan todavía la desfachatez de presentarse como candidatos a puestos cimeros en la administración pública? ¡Cosas veredes, Sancho amigo!
Para los escépticos del FSLN que aún dudan de la imagen negativa que proyectan sus candidatos presidenciales en el exterior, les presento cuatro breves declaraciones de personalidades o entidades sobre lo que se piensa y comenta en el exterior con relación a los actuales gobernantes de Nicaragua: 1) Enrique Krauze, historiador mexicano, director de la Revista Letras Libres: “Daniel Ortega es un tiranuelo más, ni siquiera a la altura de los grandes tiranos, sino un simple, vulgar y corrupto tiranuelo”. 2) Un editorial de El Periódico de Guatemala lo retrata así: “Ortega es un narco-clepto dictador, cínico, repugnante, asesino, rufián e impresentable”. 3) El exasesor del Congreso de EE. UU., Jason Poblete, asegura que “Ortega opera como un cartel criminal”. 4) El periodista español Manuel Iglesia Carucho, en un artículo aparecido el 28 de enero del 2021 en Confidencial, expresa que el de los Ortega-Murillo “es un gobierno que no duda en silenciar y en matar a sus oponentes y a la población que lo tiene que sufrir todos los días”. Entonces, la pregunta es: ¿votaría usted por un candidato o candidata con estas peculiaridades?
Los nicaragüenses hemos entrado al 2021 con dos grandes desafíos: El primero es unir a la oposición y el segundo derrotar a la dictadura, en las elecciones generales que nos mandatan nuestra Constitución y nuestras leyes. En el intermedio tenemos la celebración del 200 aniversario de nuestra Independencia Nacional. En el primero, vamos a demostrar el amor que le tenemos a Nicaragua anteponiendo sus intereses a las egoístas ambiciones personales; por el segundo, vamos a demostrarle al mundo y a nosotros mismos que lo que expresó nuestro gran Rubén Darío es algo innato en nuestra nicaraguanidad: “Nicaragua, está hecha de vigor y de gloria / Nicaragua está hecha para la libertad”. Y en el 200 aniversario de nuestra independencia, deberemos tener presente lo que otro gran poeta nuestro, Salomón de la Selva, nos advirtió: “La Independencia fue para que hubiera pueblo / no borregos de desfile”. No dudo de que los nicaragüenses estaremos a la altura de las circunstancias frente a esos dos grandes desafíos, pues se trata del futuro de la patria y de nuestros hijos.
El autor es periodista y secretario general de la Asociación de Nicaragüenses en el Extranjero (ANE).