El mito de los demonios

Y además

Un amigo lector me dijo que después del artículo sobre las Arpías publicado el viernes 29 de enero, debía escribir otro sobre el demonio en la mitología griega.

En realidad, de esto ya escribí un artículo, publicado el viernes 6 de mayo de 2011, en el cual dije que para los antiguos griegos los demonios “no eran espíritus maléficos”, sino genios bondadosos “que protegían a las personas y servían de intermediarios entre ellas y los dioses”.

En la mitología griega los demonios llevan a los dioses las peticiones de los seres mortales, y les traen las respuestas en el caso de que los inmortales quisieran responder. Y además, los dioses también envían sus respuestas a las preguntas y peticiones de los humanos, “por medio de oráculos y signos en la naturaleza”.

Los demonios de la mitología griega eran como los Ángeles de la Guarda en la creencia católica, que tienen la misión de guiar y proteger a cada persona en su camino por la vida, induciéndola al bien para facilitarle el ascenso al Cielo.

Por cierto que en aquel artículo mencioné que Sócrates dijo que a él su demonio personal no lo inducía a hacer nada, ni bueno ni malo, pero sí le impedía hacer algo dañino para sí mismo. Al respecto se conoce la anécdota de que Sócrates en su juventud fue un soldado ateniense y como tal participó en la Guerra del Peloponeso entre Atenas y Esparta. Cuando los espartanos derrotaron a los atenienses en la batalla de Delio, los sobrevivientes se replegaron. En un cruce de caminos tomaron la ruta que indicó el jefe, pero Sócrates no quiso seguirlos. Le preguntaron por qué y respondió que su demonio personal se lo impedía. Los soldados atenienses siguieron por el camino indicado por el jefe, fueron emboscados más adelante, muchos murieron y los demás fueron hechos prisioneros.

Sin embargo, cabe preguntarse ¿por qué el demonio protector de Sócrates no lo protegió cuando fue condenado a muerte, acusado de impiedad y de corromper a los jóvenes con sus enseñanzas? Él tuvo inclusive la posibilidad de fugarse para salvar su vida, pero prefirió tomar el veneno de la cicuta y morir como consecuencia de aquella injusta condena.

La explicación la dio Platón y cito en este caso al mitólogo francés Jean Francois Noël, quien en su Diccionario de Mitología Universal en dos tomos, en la entrada que se refiere a los demonios dice lo siguiente: “Si cuando fue presentado a los jueces que debían condenarlo, el demonio no lo detuvo como hacía en las ocasiones peligrosas fue, dice Platón, porque pensó que no le era un mal el morir, sobre todo en la edad y en las circunstancias en que se hallaba”.

Pero los demonios de la mitología griega fueron desafortunados, porque habiendo sido espíritus buenos, protectores de las personas humanas, con el tiempo y por la influencia de otras culturas y creencias fueron tenidos como seres maléficos que inducen a cometer malas acciones y procuran que aquellos a quienes engañan sean condenados al fuego eterno del infierno.

En el artículo del 6 de mayo de 2011 también señalé (y creo necesario citarlo esta vez) que “en la religión cristiana el demonio no es un espíritu protector, sino todo lo contrario: es un ser espiritual inevitablemente perverso, es el espíritu supremo del mal y por lo tanto enemigo total de Dios, que representa la bondad en su absoluta perfección”.

Sin embargo en la actualidad ya muy poco se cree que el demonio es un ser físico, un horrendo ser con grandes alas de murciélago y cuernos en la frente. Como se le presenta en la pintura de la Tentación de Cristo que está en una pared de la iglesia de San Rafael del Norte, la cual fue pintada por el artista austriaco Johann Fuchs Hollen en 1967 y el parecido de su rostro con el de Daniel Ortega es asombroso. Ortega en ese tiempo era un desconocido militante clandestino del FSLN.

En la misa católica del domingo 31 de enero, el sacerdote explicó en su homilía que el demonio es la tentación que está en el interior de cada uno, tratando de inducir a cometer pecado y hacer el mal. Aludía el oficiante religioso a la lectura del Evangelio de ese día, en la que el evangelista Marcos cuenta que cuando Jesús comenzó a enseñar en la sinagoga, sacó “el espíritu inmundo” del interior de un hombre endemoniado que a gritos trataba de negar la autoridad de su enseñanza.

Opinión demonios mitología griega archivo
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