La grandeza de Hank Aaron sobrevive a su muerte

Una carrera marcada por la consistencia en el terreno y la firmeza fuera del campo, convirtió a Hank Aaron en un ícono del beisbol mundial

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El firmamento del beisbol perdió a una de sus más grandes luminarias este viernes con la muerte de Hank Aaron, un auténtico héroe americano, cuyo legado trasciende las fronteras del deporte y lo sitúa en el universo de las leyendas que no tienen sucesores.

Para situar en perspectiva la estatura de Aaron, quizá convenga decir que a pesar de que su récord de jonrones fue tumbado por Barry Bonds en el 2007, a él se le continuó considerando como el rey de los cuadrangulares.

Y Muhammad Ali, cuyo monumental ego era tan grande como su historia, dijo una vez que Aaron fue “el único hombre al que yo idolatré más que a mí mismo”. Y, sin embargo, Aaron callaba, pero su obra hizo ruido.

Armado de un poderoso bate capaz de disparar 755 jonrones, pero sobre todo de un enorme coraje para sobrevivir al racismo en su expresión más cruda, Aaron escribió una historia admirable por su tenacidad y determinación.

Bateador de .305 en su carrera de 23 años con los Bravos, con 3,771 hits y el récord de 2,297 empujadas, Aaron fue un extraordinario jugador que no solo no recibió el reconocimiento que merecía, sino que fue rechazado.

Pero lejos de rendirse, resistió con estoicismo y determinación hasta alcanzar sus sueños y durante 30 años sostuvo el más preciado récord en el deporte estadounidense, es de más jonrones conectados en las Grandes Ligas.

Amenazado de muerte

Irónicamente, tumbar el récord de jonrones que tenía Babe Ruth (714) casi le costó la vida . Entre las 930 mil cartas con mensajes de felicitación que recibía, Aaron también había mensajes de odio y amenazas de muerte.

“Mis hijos vivieron como en una prisión y yo me sentí como un cerdo en un campo de matanza. Se me tuvo que poner escolta para preservar mi vida. Eso nunca lo pude entender”, dijo Aaron en 1994, aún con molestia en sus palabras.

A Aaron tampoco le agradó el hecho de que el comisionado de la época, Bowie Kuhn, no asistiera al partido en el que superó el récord de Ruth. Así que él tampoco acompañó a Bonds la noche que tumbó su registro en el 2007.

“Mi esperanza hoy, como lo fue esa noche de abril de 1974, es que el logro de este récord, inspire a otros a perseguir sus propios sueños”, dijo Aaron a través de un mensaje transmitido en la pizarra del estadio de San Francisco.

Aaron actuaba con una gracia especial, como si las cosas las hiciera sin esfuerzo, pero no era carismático y tampoco jugó en los grandes mercados, lo que junto al racismo, contribuyó para no recibir el tratamiento que merecía.

Sin embargo, la historia lo ha situado en el lugar que le corresponde, en el campo de los inmortales. De hecho, cuando entró al Salón de la Fama de Cooperstown, en 1982, lo hizo con el 97.8 por ciento de los votos.

De Alabama para el mundo

Nacido en Mobile, Alabama, el 5 de febrero de 1934, Aaron fue alentado por su madre para que estudiara, pero él tenía la mira puesta en el beisbol y comenzó a destacar y llegó a jugar a las Ligas Negras, donde fue estrella.

Firmado el 14 de julio de 1952 por los Bravos de Milwaukee, Aaron hizo su debut en 1954 y su éxito fue instantáneo, al resumir .280 con 13 jonrones y 69 remolques en 122 partidos antes de lesionarse un tobillo que lo sacó de acción.

Al año siguiente tuvo su primera temporada de .300 (.314) con 27 jonrones y 106 empujadas. Y en 1956 ganó su primer título de bateo con .328. En 1958, ganó el premio al Jugador Más Valioso porque casi gana la triple corona: fue líder en jonrones con 44, en empujadas con 132 y tercero en bateo con .322.

Y así eslabonó una cadena de 20 temporadas con al menos 20 jonrones, incluyendo 15 de más de 30 y ocho de por lo menos 40, en un alarde de consistencia, a pesar de que nunca tuvo una campaña de 50 bambinazos a la calle.

Aaron fue líder de bateo también en 1959 con .355 y en once ocasiones superó la barrera de las 100 empujadas, con tres Guantes de Oro en el jardín derecho y participó en 25 Juegos de Estrellas ( de 1959 a 1962 hubo dos partidos estelares por campaña) y fue a dos Series Mundiales.

En 1957 sus Bravos derrotaron a los Yanquis en el clásico de octubre. Aaron bateó para .393 con tres jonrones en la serie. En 1958 regresó a la fiesta de otoño, pero los Yanquis se desquitaron. Aaron resumió .333 esta vez. Al final, tuvo .362 con seis jonrones y 16 remolques en 17 juegos de postemporada.

Llegó a la cima

Su momento cumbre llegó el 8 de abril de 1974 cuando sobre un disparo alto del zurdo Al Downing de los Dodgers, tumbó la marca de 714 jonrones de Babe Ruth. Su compañero Tom House atrapó la bola y se la entregó. Un total de 11 minutos duró la ovación de los fanáticos aquella noche en el Fulton-County Stadium.

Dos años antes, en 1972, Aaron se había convertido en el jugador mejor pagado del beisbol, al firmar contrato de tres años y 600 mil dólares, unos 3.7 millones de dólares al valor de hoy. Y luego de superar a Ruth, Magnavox, empresa que fabricaba televisores le extendió un contrato de cinco años y un millón de dólares por publicidad.

En 1975 los Bravos lo canjearon a los Cerveceros de Milwaukee, donde terminó su carrera en 1976 a sus 42 años. Ahí terminó un ciclo, pero apenas iniciaba el de su inmortalidad, el que no se ha visto interrumpido ni con su muerte.

Sigue a Edgard Rodríguez en Twitter: @EdgardR 

 

 

 

 

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