Cuando iniciamos otro año, sentimos que finalizamos una etapa para iniciar una nueva. A lo largo de cada año tenemos momentos de alegría y momentos difíciles, de tristeza; transitamos entre el gozo y el dolor. Algunos en el pasado diciembre habrán tenido cosas que celebrar y otros quizá no lograban siquiera secar sus lágrimas. Pero siempre, en la Navidad y el Año Nuevo hay algo que celebrar, aunque sea solo la fe y la esperanza.
El año anterior fue trágico por una pandemia de graves consecuencias. Demasiadas personas han muerto en el mundo por ella; afecta la vida familiar y social; daña seriamente la economía y va a continuar matando y dañando por más tiempo. Pero, al menos, con las vacunas podemos vislumbrar el principio del fin de lo peor del Covid 19, aunque para los nicaragüenses la vacuna todavía no tenga fecha cierta. Nicaragua sufre por la pandemia, pero ya antes, desde hace años, el sufrimiento entre nosotros ha sido constante por razones políticas. ¿Podemos esperar que este “año electoral” sea mejor que el anterior? Viéndolo humanamente parece casi imposible. No se vislumbra un fin rápido de la pandemia ni logramos percibir una clara voluntad de cambios políticos.
Pero para Dios no hay imposibles. Desde nuestra fe tenemos que ser personas de esperanza, sin dejar de ser realistas. La Iglesia católica en un mensaje reciente nos dice que pasamos de un año de dolor a uno de incertidumbre, pero que con Jesucristo es posible construir la sociedad que todos quisiéramos tener. Iniciamos un nuevo año lleno de incertidumbres, pero pongamos en Jesucristo nuestra esperanza. La fe y la oración tienen poder y mueven montañas, dice el Señor (Mateo 17, 20; Santiago 5, 13-16).
La Iglesia católica, a través de un mensaje de la Comisión de Justicia y Paz de la Arquidiócesis de Managua, expresa: “Al finalizar un año de mucho dolor y tristeza, iniciamos el nuevo en medio de mucha incertidumbre, pero confiando firmemente en el amor y la misericordia de Dios que nunca defrauda, y conscientes de que ninguna ‘noche oscura’ es para siempre”. El mensaje cita al papa Francisco en su alocución durante la 54 Jornada Mundial de la Paz, cuando nos dijo: “La vida y el ministerio de Jesús encarna el punto culminante de la revelación del amor del Padre por la humanidad (cf. Jn 3, 16). En la sinagoga de Nazaret, Jesús se manifestó como Aquel a quien el Señor ungió ‘para anunciar la buena noticia a los pobres, ser enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dejar en libertad a los oprimidos’ (Lc 4, 18)”.
“En nuestro Salvador, que se ha hecho hombre, ponemos nuestra esperanza”, dice la comisión de la arquidiócesis católica, nombrada por el señor arzobispo para tratar los temas sociales como la justicia y la paz. “Si acogemos su Buena Nueva no cederemos al pesimismo y la desesperanza. Por el contrario, nos abandonaremos cada vez más en Él, Príncipe de la Paz, para construir una sociedad basada en la caridad, la justicia, la verdad y las libertades fundamentales del ser humano, valores supremos de lo cual estamos careciendo. Fijemos nuestra mirada en Cristo para que cesen las torturas, la persecución a periodistas, el hostigamiento a las familias de los presos injustamente detenidos; actos que pretenden justificarse promulgando leyes injustas e inmorales”.
El mensaje finaliza con una oración: “A los pies del Santísimo Sacramento y bajo el amparo de María, Madre de Dios y Reina de Nicaragua, rogamos su bendición e intercesión para nuestro sufrido país”.
Lo que para los hombres parece imposible para Dios no lo es. Oremos con fe por un proceso electoral libre e incluyente, y un futuro de paz, respeto mutuo, convivencia fraterna y prosperidad para todos.
El autor es abogado y comentarista de temas políticos y religiosos.
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