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Se viene una temporada complicada y determinante para el presente y futuro de Nicaragua. No se consigue ganar una Serie Mundial sin preparación, tampoco cambiar un país de golpe e improvisando. En los archivos de mi memoria están los sacrificios que a los jugadores nos tocaba pasar antes de cada campaña en las Grandes Ligas. Probablemente, ustedes escuchaban en las radios o veían en la televisión al Dennis Martínez sobre la colina cada cuatro o cinco días batallando por destacar en la MLB, sin embargo, solo mi círculo cercano conocía cómo me preparaba.
En diciembre iniciaba el proceso para solidificar mis piernas, mientras todos descansaban corría todas las mañanas más de cinco kilómetros y me ejercitaba. En enero empezaba a soltar el brazo y subir el ritmo del mes anterior. En febrero seguía con el fortalecimiento del cuerpo y también la mente para que cuando nos llamaran al Spring Training no llegar apenas a ponerme en forma, sino estar adelantado. Llegaba a competir, había cientos de jóvenes talentosos peleando por mi puesto y por esfuerzo y dedicación, nadie me lo iba a quitar. En 1987, fue el año en el cual mejor preparado estuve, pero a la misma vez en el que más sacrificios hice. Cayó una ola de frío en Baltimore, la nieve estaba por todos lados y así me levantaba a dejar a mis hijos a la escuela para salir a correr bajo la nieve. El cuerpo se me frisaba. Lo estaba acostumbrando para la guerra.
Estar preparado te da confianza, seguridad. Cuando tu mente y cuerpo está organizado podés competir en la élite, saber cómo responder, cómo actuar y cómo pelear, porque tenés un trabajo previo que te respalda. En este 2021 el pueblo de Nicaragua no puede perder la perspectiva. Existen muchos baches en el camino por los cuales atravesar: la pandemia del Covid-19, la represión, los presos políticos, la crisis económica, la inseguridad y también las elecciones. Los jóvenes se levantaron en 2018 exigiendo un cambio de sistema y cada uno de los nicaragüenses debemos estar preparados para afrontar la temporada que se avecina. A pesar que el contrincante no es justo y quiere evitar a toda costa la organización del pueblo, eso no significa que se deba tirar la toalla.
El enemigo se alimenta de las debilidades de su oposición, ¿por qué seguir alimentando al monstruo? Habrá que hacer mucho sacrificio, habrá que derramar mucho sudor, pero también habrá que estar preparado para todo. Cualquier pestañeo puede significar la pérdida de nuestra Serie Mundial. Recuerden lo que le costó a Kevin Cash sacar del montículo a Black Snell en el juego clave. En este año el pestañeo que sea durante la preparación, cuando se cante el “Play Ball” todos debemos estar unidos en una sola Nicaragua.
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