El gato y los ratones

Entre los folios de mi modesta biblioteca encontré una fábula que por venir al caso he querido compartir con mis lectores, que dice así:

Había en Gatópolis, confundidos entre la multitud, unos 9 gatos que por esas ironías del destino se encontraron un día en las bancas del parque de la ciudad y después de elucubrar largo rato llegaron a la conclusión que todos ellos tenían dos cosas en común: la primera era un odio cerval por la escuela, pues la sola idea de estudiar los llenaba de pavor y, la segunda, que tampoco querían trabajar ya que esto significaba gastar las energías del cuerpo, mas propenso a la vida muelle y al dulce descansar.

No lejos de Gatópolis se encontraba Ratolandia, la ciudad de los ratones, que formando parte de un mismo territorio, habían llegado a un acuerdo tácito con los gatos de mantener la convivencia y la paz en beneficios de ambos conglomerados.

No obstante lo anterior, ocurrió un hecho histórico en Ratolandia que trastrocó toda la vida de los ratones. El Ratón Mayor, apoyado por sus incondicionales de la G.N. decidió convertirse en dictador y lo que es peor, fundar en connivencia con sus hijos una dinastía. De todo esto se dieron cuenta los 9 gatos por medio de Radio Conspiración, por lo que ni cortos ni perezosos decidieron acompañados de unos cuantos de su misma ralea, marchar en pro de la liberación de los pobres ratones, que en su desesperación no pusieron mientes ni analizaron la calidad de sus “ libertadores”.

Cuenta la fábula que los 9 gatos triunfaron y que más temprano que tarde empezaron a sacar las uñas destripando a los pobres ratones que con llantos lastimeros clamaban por el queso prometido y por sus libertades. ¡Ah! Se me olvidaba decir que como ninguno de ellos tenía el liderazgo que la gran proeza requería, se pusieron de acuerdo para nombrar un coordinador y por si este “se les quería ir arriba” decidieron escoger al que parecía más bruto, más tonto y más ignorante de todos.

Cansados los ratones de tantos abusos de la dictadura gatuna decidieron demandar elecciones libres, lo que lograron, por la presión de los grupos internos organizados tanto cívica como militarmente. Los gatos, con sus pretensiones totalitarias, fueron derrotados en las elecciones que se celebraron en el 90 y 17 años después, en el 2007, retornaron al poder por la traición del caudillo de una de las facciones ratoniles que llevaban una bandera roja y en la que había un rotulo que decía: “Los rojos sin mancha”.

En resumidas cuentas el Gato Mayor que fue escogido como coordinador, ya sabemos por qué, resultó ser más cicatero que sus otros colegas aventureros, pues desde el 2007 hasta nuestros días sigue jugando con los ratones por medio de mañas, engañifas, diálogos, mentiras y elecciones fraudulentas hechas desde su guarida y sigue junto con su compañera, la de “vamos con todo”, aferrado al poder, por lo que todo parece indicar que contra viento y marea está dispuesto a imponer su dinastía en el 2021 y hasta solo Dios sabe cuándo.

Moraleja: En vez de estar considerando ridículas candidaturas presidenciales, por inoportunas; en vez de estar buscando nuevos diálogos que no conducen a nada; y en vez de estar especulando con lo que va a decidir la OEA en mayo del 2021 o cuál será la posición del señor Biden en su relación con Nicaragua, el liderazgo opositor nicaragüense debería estar preparándose adecuadamente (tácticas y estrategia) para dar la batalla final contra la dictadura. De lo contrario, nos pasará lo de los ratones de la fábula, que de ciudadanos pasaremos a ser súbditos de la nueva dinastía. ¿Será esta la funesta suerte que el destino nos depare a los nicaragüenses? ¿Vamos a permitirlo? ¡Seguramente No! ¡Nicaragua volverá a ser República!

El autor es periodista y secretario general de la Asociación de Nicaragüenses en el Extranjero (ANE).

Opinión Gato ratones archivo
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