La tortura de las tarifas eléctricas

La tortura a los presos políticos aplicándoles choques eléctricos es una práctica común de las dictaduras de cualquier clase e ideología.

Pero también se tortura con las tarifas de electricidad a toda la población, sin distinción de pobre y ricos, empresarios y trabajadores. Se agrede a todos los usuarios mediante facturas agresivas que nunca dejan de aumentar.

El viernes pasado, LA PRENSA informó que al comenzar el nuevo año todos los usuarios del servicio eléctrico, incluyendo a los supuestamente beneficiados con el subsidio estatal, pagarán tarifas más altas.

El mismo día, LA PRENSA también informó que la Cámara de Industrias de Nicaragua (Cadin) ha instado al gobierno a reducir la tarifa eléctrica en un rango de 16 a 20 por ciento, lo cual es posible considerando los costos reales de generación, mantenimiento y comercialización del servicio. En la nota informativa se ofrece el dato de que mientras en Nicaragua se paga en la tarifa industrial 22 centavos de dólar por cada kilovatio hora, en los países escandinavos (Suecia, Dinamarca, Noruega y Finlandia) el precio ronda los 10 centavos, en Francia 12 y en Estados Unidos (EE. UU.) 6.8.

La competitividad es indispensable para mejorar la productividad, el crecimiento económico y el progreso social. Y uno de los principales factores de la competitividad es el precio razonable de la electricidad para la industria, el comercio, los servicios y en general toda la actividad económica.

Con tarifas excesivas es imposible que la industria y demás sectores económicos puedan ser competitivos, rentables, crecer, crear riqueza, generar más empleo, pagar más impuestos y en general sostener e impulsar el progreso de la sociedad y el Estado.

El nuevo aumento de las tarifas eléctricas, a comienzos del año entrante, será un duro golpe para los consumidores y causa de más empobrecimiento general. Y el golpe será mayor por cuanto afectará más a la empresa privada, que es el motor de la economía nacional.

En la cultura socialistoide de Nicaragua —herencia nefasta de la revolución sandinista de los años ochenta—, es habitual acusar a los empresarios de que solo se interesan por sus ganancias y son insensibles a las necesidades de la mayoría. Y cuando algunos empresarios piden al gobierno dialogar para plantear la revisión de las onerosas cargas impositivas y tarifas energéticas, los acusan de arrastrarse ante el régimen, de querer negociar la sangre de los mártires de abril, etc.

Pero la verdad es que solo con un buen clima de negocios las empresas pueden ser rentables, reinvertir, expandirse, crear más empleos y mejorar los salarios y la capacidad de consumo de los trabajadores.

Si las empresas no pueden obtener beneficios tampoco podrán generar más riqueza, crear más puestos de trabajo y pagar más impuestos. Así de sencillo. Y si se descapitalizan por los impuestos y las tarifas onerosas —como son los de Nicaragua en la actualidad—, la perspectiva es la ruina empresarial y el mayor empobrecimiento de la población.

¿Cómo es que no lo pueden ver?

Editorial Economía pobreza presos políticos archivo
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí