La Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia (ACJD) lanzó un llamado de alerta a la agencias de cooperación internacional y organismos no gubernamentales locales para que ayuden a poblaciones que resultaron afectadas por el paso del Huracán Iota en la zona norte de Rivas. La AC puso su granito de arena y llevó ayuda a los damnificados de este sector, mientras cuestionó la negligencia de la dictadura ante las necesidades de la ciudadanía.
“Solo acercando a la cooperación internacional y a agencias de desarrollo con esas comunidades; y evitando la politización de la ayuda por gobiernos corruptos que solo buscan oxigenarse, es que se podrá llevar el desarrollo, la infraestructura y el empleo para las familias necesitadas de esa zona”, aseguró Juan Sebastián Chamorro, director ejecutivo de la ACJD.
El pasado 17 de noviembre, un coletazo exterior del huracán Iota se fortaleció con la humedad del océano Pacífico y tocó tierra en Nicaragua por el oeste, descargando en unas pocas horas la lluvia que cae en un mes. Este fenómeno, llamado Efecto Nate, es cada vez más frecuente y se nombra en alusión a la tormenta que afectó San Juan del Sur en octubre del 2017.
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El epicentro de los daños se ubicó en la zona norte de Rivas, donde los ríos son relativamente mansos y se secan durante el verano. Sus cauces empezaron a desbordarse afectando miles de viviendas en todo el departamento. Sin embargo, la atención y ayuda se ha centrado en Bilwi y otras comunidades de la Costa Caribe Norte donde dos huracanes impactaron en un lapso menor a 15 días.
Doña Paula perdió todo
A más de cuatrocientos kilómetros de Bilwi, Iota también destrozaba la pequeña y empobrecida comunidad de Cañas de García, ubicada muy cerca de la costa del Pacífico. Una de las casas destruidas por completo fue la de doña Paula Fungencia Chávez.
Las casas de 10 de sus parientes también sufrieron daños, pero la de ella se llevó la peor parte. Un fogón de cemento semi caído es el único indicio de que en el sitio existió un hogar.
Ella lo perdió absolutamente todo. Allí quedó la ancianita, acompañada de sus fieles perros, que no se apartan de ella. Por toda la comunidad se observa el destrozo que causó el río sobre las humildes viviendas. La presión del agua botó paredes, en muchas de ellas dejó únicamente los postes de madera que mantienen los techos en pie, pero sin nada abajo.
Las familias Chávez, Mena, Umaña, Cruz y Yescas, fueron las más afectadas en este lugar. Cuentan los afectados que a Cañas se pudo entrar hasta cinco días después, cuando bajaron las aguas. Miembros de la ACJD visitaron la comunidad y constataron que, irónicamente, lo que más necesitaba la gente era agua.
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“Buscamos mecanismos para hacer llegar el agua y lo que comenzó con una pequeña colecta se transformó en una verdadera obra de amor de más de 800 galones, que se distribuyeron entre los habitantes de Las Salinas, el Astillero y Cañas de García. Parte del agua se entregó a una fundación, muy bien organizada y manejada por extranjeros. Ellos acopian ordenadamente las donaciones que siguen llegando y con censo en mano reparten”, relató Chamorro.
Cuenta el director de la ACJD que unos surfistas de playa Popoyo recolectaron una razonable cantidad de recursos para ayudar a reconstruir las casas de los afectados. “En fin, la zona ha recibido apoyo de mucha gente que sigue demostrando que quiere ayudar. Pero el solo hecho de que la principal demanda en estos momentos siga siendo el agua, indica lo precario de la situación”, señaló.
Dictadura negligente
Chamorro criticó que mientras Nicaragua necesita un programa de reconstrucción masiva para reparar los daños provocado en todo el país por los huracanes Iota y Eta; los diputados de la Asamblea Nacional aprobaron el 25 de noviembre un Presupuesto General de la República para 2021 que no contempla fondos para reconstrucción. “La excusa es que fue preparado antes de la catástrofe. Pero es otra barbarie del régimen no haberlo reformado para atender las necesidades urgentes”.
No obstante, el régimen haciendo uso de la tragedia y en nombre de los damnificados ha solicitado y conseguido fondos millonarios con organismos multilaterales. “Ojalá ese apoyo llegue a gente humilde –como doña Paula– que fue la más afectada. Pero la población no confía, no tiene esperanzas en esa ayuda. Es por ello que los pobladores de Cañas se han puesto a recoger los ladrillos que dejó la corriente. Los están limpiando para reconstruir sus paredes con ellos; en el mismo sitio, a la orilla de un río que no perdonó ni el cementerio”, aseveró.
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Consideró necesario la formación de una fundación para la sostenibilidad de la Costa Caribe donde participen en su junta directiva representantes del Gobierno Regional, alcaldías, iglesias, sector privado de la región y organizaciones de la sociedad civil. Propone que la fundación administre las donaciones y proyectos de infraestructura que sean auditables, con el fin de rendir cuentas a los beneficiarios.
“Esta institución no solo se encargaría de la reconstrucción, sino también de buscar mecanismos para reducir la vulnerabilidad de la zona a los efectos del cambio climático. Estudios científicos han demostrado que las costas de Centroamérica son de las más vulnerables del mundo; y en el caso de Nicaragua a eso se suma que es la zona más afectada por la pobreza”, finalizó.