La dictadura de Daniel Ortega, con la nueva tasa de deslizamiento monetario dictada por el Banco Central, vuelve a agredir a los pensionados del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS), al que la corrupción e ineptitud administrativa tienen al borde de la bancarrota.
Según economistas y expertos en seguridad social, con esa medida de política monetaria los alrededor de 300 mil pensionados que tiene el INSS serán despojados de 21 millones de córdobas mensuales, 252 millones al año.
El Banco Central dispuso la semana pasada rebajar la tasa del deslizamiento, de tres por ciento a dos por ciento. Según dijo a LA PRENSA el exgerente de la Superintendencia de Pensiones del INSS, Róger Murillo, esta medida “es para robarse el uno por ciento de las pensiones de los casi 300 mil pensionados que hay.”
Otro economista recordó que las escuálidas pensiones del INSS ya habían perdido valor en dólares con la anterior reducción del deslizamiento del cinco por ciento al tres por ciento. “De manera que esta pérdida se convierte en acumulativa y permanente”, aseguró.
La Constitución Política de Nicaragua establece en su artículo 61 que “el Estado garantiza a los nicaragüenses el derecho a la seguridad social, para su protección integral frente a las contingencias sociales de la vida y del trabajo…” Y la peor contingencia, aparte de las enfermedades y la muerte, es la jubilación, debido a las pensiones miserables que reciben los jubilados de parte del Estado a través del INSS.
Además, las pensiones, que de por sí son insuficientes para que los pensionados puedan vivir con la debida dignidad, son menoscabadas a menudo por el régimen para satisfacer su voraz apetito de recursos económicos, con el fin sobre todo de mantener su enorme burocracia y los onerosos aparatos de represión policial, militar y judicial.
Ortega parece haber olvidado que sus agresiones contra los pensionados del INSS estuvieron entre las motivaciones inmediatas del estallido social de abril de 2018. El 18 de ese mes, el régimen publicó oficialmente una reforma del INSS que incrementaba las cotizaciones laborales y patronales, y reducía en cinco por ciento las magras pensiones. Esa fue la chispa que prendió la llama e incendió la pradera. La sublevación popular puso al dictador Ortega al borde de su derrocamiento, logró recuperarse solo por la despiadada represión de su fuerza armada policial y parapolicial que masacró a la gente rebelada, y porque el Ejército cerró filas alrededor de la dictadura, en vez de ponerse del lado del pueblo.
Ahora, al parecer Ortega cree que por el terror que ha impuesto a la población no se repetirá otra rebelión popular como la de abril y que podrá seguir cometiendo abusos contra los pensionados y todo el pueblo, sin pagar consecuencias.
Pero ¿quién sabe? La revolución o rebeldía del pueblo es como un topo que excava profundamente, advirtió Carlos Marx. Los tiranos creen que nada cambiará, pero cuando menos lo esperan el topo salta a la superficie. Ortega, que supuestamente es marxista, debería saber eso.