Segregación más que proselitismo

Siempre se ha dicho, y es una gran verdad, que en las tragedias colectivas o catástrofes generales se muestra lo mejor y lo peor de la condición humana.

El lado bueno de la humanidad lo enseñan muchas personas que arriesgan salud y vida para rescatar a las víctimas de un huracán, una inundación, un terremoto, etc. Otras sacrifican su tiempo y comodidad para participar en recaudaciones, acopios y distribución de ayuda a los damnificados. Inclusive hay quienes acogen en sus casas a víctimas de las catástrofes, que lo han perdido todo y no alcanzan en los refugios colectivos improvisados.

En estos días, después del paso devastador de los huracanes Iota y Eta por el territorio nacional y sobre todo por el de la Costa Caribe, ha sido impresionante la movilización de innumerables personas de buena voluntad, activistas y líderes de organizaciones sociales e instituciones religiosas y políticas, para aportar y recoger ayuda a los damnificados, y llevarla o enviarla a su destino. Incluso los exprisioneros políticos y otras personas perseguidas por la dictadura participan en las actividades de solidaridad exponiéndose públicamente, a pesar del asedio policial.

Pero también, como siempre ocurre en estas situaciones, ha habido conductas deleznables de quienes se aprovechan de la desgracia ajena, para especular con los precios de los productos de indispensable consumo, hacer colectas de dinero para su propio beneficio y hasta robar a los damnificados la insuficiente ayuda que reciben. Y peores son aquellos que representan al Estado y hacen chantaje político con la distribución de la ayuda.

Esto es mucho más mezquino, porque se trata de funcionarios públicos y lo que distribuyen a los damnificados ha sido comprado con los impuestos que pagan todos los nicaragüenses, o lo ha recibido el Gobierno como donación de otros países y organismos internacionales.

En medios de comunicación y redes sociales se califica como proselitismo político lo que hace el régimen con la distribución de la ayuda a los damnificados. Pero es peor que eso.

El proselitismo político es simplemente el afán de ganar adeptos a una causa, partido o gobierno. Pero lo que se está haciendo con la ayuda es segregación, lo que significa excluir o marginar por motivos políticos, sociales o culturales.

No es que a los damnificados les dicen que deben agradecer a la pareja de dictadores y su partido, por la ayuda que reciben. Es que muchas veces la entregan solo a quienes identifican como simpatizantes del partido gobernante y la dictadura.

La discriminación, o segregación, “implica una selectividad inicua de los seres humanos o de los grupos sociales en la vida comunitaria. Niega la igualdad de oportunidades, favorece a unos y perjudica a otros”. Así lo definen los tratadistas de derecho y es absolutamente cierto.

Y es criminal un régimen que practica esa segregación o “proselitismo” político con la ayuda a los damnificados. Es algo que choca con la moral universal y está prohibido por la Constitución de Nicaragua y la ley internacional.

Editorial ETA Huracanes Iota archivo
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