La sociedad orweliana del siglo XXI

Aunque el famoso escritor británico George Orwell publicó en 1949 su novela política de ciencia ficción sobre la sociedad totalitaria “1984”, muchos analistas le encuentran paralelismos sobre la sociedad actual en pleno siglo XXI, por lo que sugieren que hemos comenzado a vivir en una “sociedad orweliana”.

Hay tres características omnipresentes de la sociedad orweliana: la manipulación y control de la información, la vigilancia masiva de la sociedad y la represión política y social. Los lemas del partido del “Gran Hermano” en la sociedad orweliana son: “guerra es paz, libertad es esclavitud, la ignorancia es la fuerza”. ¿Suena familiar?

En la novela, un miembro del “Partido Interior”, O´Brian, explica su significado invirtiéndolos: “la guerra es la paz porque la guerra provoca que los ciudadanos no se levanten contra el estado ante el temor a un enemigo externo, de esta manera se mantiene la paz; la libertad es la esclavitud porque el esclavo se siente libre porque no conoce otra cosa, de modo que la esclavitud es la libertad; la ignorancia es la fuerza porque la ignorancia evita cualquier rebelión contra el Partido, por lo cual, la fuerza es ignorancia”, concluye O´Brian. ¿Suena familiar?

Según la novela 1984, al frente del partido está el “Gran Hermano”, quien es el jefe máximo, juez supremo, guardián de la revolución, encarnación de los ideales del Partido, único y todopoderoso, que vigila sin descanso todas las actividades cotidianas de la población con dispositivos y cámaras en las calles o “telepantallas” para conocer los actos de cada individuo, por lo que no existe la privacidad. ¿Suena familiar?

Sin duda alguna Orwell tenía una visión futurista de cómo el desarrollo tecnológico podía utilizarse como medio para controlar la sociedad porque en la época que el escribió la novela la televisión estaba en pañales y por supuesto no existían los celulares inteligentes, ni las redes sociales, ni era posible imaginar un control absoluto sobre la información y la privacidad, a como ocurre hoy en día con la tecnología en algunos países que siguen el modelo “orweliano”.

Se afirma que el modelo perfecto de la sociedad orweliana del siglo XXI es el de Corea del Norte donde el “camarada” Kim Jong-un es el “Gran Hermano” siguiendo la tradición de su padre Kim Jon-il y de su abuelo “el presidente eterno” Kim Il-sung. En Corea del Norte el poder totalitario tiene una característica superior a la sociedad orweliana de 1984: el poder es dinástico o heredado. ¿Suena familiar?

Aunque Nicaragua está muy lejos geográficamente de Corea del Norte hay muchos aspectos en que se está replicando la sociedad orweliana en pleno siglo XXI. Desde el 2018 vivimos un estado policial donde se han conculcado de hecho todas las libertades ciudadanas: la libertad de expresión, movilización, organización y quizás muy pronto estemos a las puertas de una transmisión dinástica del poder, porque prácticamente solo eso falta para llegar al modelo perfecto.

Las recién aprobadas leyes de “regulación de agentes extranjeros”, ley de “ciberdelitos” y ley de “cadena perpetua”, aprobada en primera legislatura, no hacen más que darle un cariz de “legalidad” a la represión de la dictadura que ahora intenta controlarlo todo, por eso el régimen le ha dado un carácter muy ambiguo a la redacción de cada una.

Tal como afirma el abogado constitucionalista Gabriel Álvarez en una entrevista publicada el domingo pasado en La Prensa: “tratan de disfrazar una voluntad política y darle mas instrumentos de represión a los operadores jurídicos. La utilización excesiva de conceptos sumamente amplios y ambiguos lo que hace es aumentar la discrecionalidad de los que aplican el derecho.”

El jurista afirma que el abanico de aplicación de las leyes es tan amplio, que son inaplicables porque no habría suficiente cárcel para tantos “delitos” que están penados, al menos que lo hagan selectivamente, es decir, escoger a los “infractores”. Pasos firmes hacia la Nicaragua orweliana del siglo XXI.

El autor es periodista, ex ministro y ex diputado

Opinión ciberdelitos George Orwell archivo
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