Tres ramas del mismo árbol

Cada generación tiene personalidades notables en diferentes actividades que son asumidas como estandartes por segmentos de la misma o por todos sus componentes. Esos referentes con el tiempo integran una especie de templo de paradigmas que suelen ser la inspiración para el surgimiento, desarrollo y trascendencia de ideas o actitudes. La mayoría de estos arquetipos se forjaron con base a sus acciones, y su trascendencia está ligada a quienes decidieron imitarles o porque los integrantes de las descendencias sucesivas entendieron que era un legado que había que perpetuar.

No obstante, algunos de estos paradigmas son consecuencias de mitos hábilmente elaborados por sus promotores y partidarios, sostenidos siempre en un gran cúmulo de medias verdades con ediciones a fondo de la verdadera práctica del sujeto ensalzado. Son ficciones para promover corrientes de opinión que enganchan en aquellas personas que coinciden con el glorificado.

Este sería el caso del español Pablo Iglesia y el colombiano Gustavo Petro con base a la admiración que comparten, aparentemente, por el pensamiento, vida y obra de Ernesto “Che” Guevara, quien ha sido llamado el Carnicero de la Cabaña por las numerosas personas que allí ejecutó y quien escribió de manera reiterada que matar era un medio importante en su existencia.

Guevara dijo en Naciones Unidas: “Fusilamientos, sí, hemos fusilado, fusilamos y seguiremos fusilando mientras sea necesario. Nuestra lucha es una lucha a muerte”. Además escribió: “Si los misiles hubiesen permanecido en Cuba, nosotros los habríamos usado contra el propio corazón de los Estados Unidos, incluyendo la ciudad de Nueva York”. Y en una carta a su esposa le dijo: “Querida vieja: Aquí en la selva cubana, vivo y sediento de sangre, escribo estas ardientes líneas…”

Petro e Iglesias son de hornadas distintas, pero ambos admiran a un individuo que defendió a ultranza el uso de la violencia extrema como solución de los diferendos y la eliminación de los adversarios para evitar la disidencia, lo que conduce a pensar que estarían dispuestos a poner en ejecución las prácticas sanguinarias de su admirado Che en caso de disponer de poder para hacerlo.

Pablo Iglesias, manifestó que los fusilamientos de Guevara en La Cabaña, Cuba, fue un “acto de justicia de la revolución cubana”, además de calificarlo como “un ejemplo para la historia de la liberación de los pueblos y la justicia social”, ignorando a sabiendas que esas ejecuciones se produjeron sin juicio y las sentencias habían sido dictadas antes de los espurios juicios celebrados, por eso me sumo al pánico de los directivos de la ONG Cuban Prisoners Defenders, al conocer tales declaraciones del alto funcionario de una de las democracias emblemáticas del mundo.

El secretario general de Podemos, aliado de Hugo Chávez y de la dictadura teocrática iraní, atribuyó a Guevara una frase no confirmada, mientras no dijo la que está avalada por todos los investigadores: “No dispare. Soy el Che Guevara. Valgo más vivo que muerto”, una expresión que algunos atribuyen a un momento de debilidad del comandante a quien Iglesias rinde tributo.

Gustavo Petro ha testimoniado ser un verdadero seguidor del Che, no un simple simpatizante. El político colombiano al igual que el desaparecido guerrillero, asumió el camino de la violencia cuando militó en el Movimiento M19, una guerrilla urbana con un prontuario criminal que puede honrar la memoria del insurgente que fracasó en el Congo y luego en Bolivia.

Gustavo Petro y Pablo Iglesias admiran a Ernesto Guevara, conclusión que lleva a una pregunta: ¿Aplicarán los métodos del Che si llegan a tener poder y condiciones para hacerlo?

El autor es periodista. Fue preso político en Cuba.

Opinión Ernesto Guevara Gustavo Petro Pablo Iglesias archivo
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