Las elecciones fraudulentas que prepara la dictadura podrían ser convertidas en un fructífero campo de lucha para la oposición azul y blanco, en un gigantesco escenario de múltiples formas de expresión de resistencia pacífica ciudadana cuya dinámica no se puede prever del todo y que podría generar una profundización de la crisis del régimen autoritario.
En otras palabras, participar en las elecciones tendría como objetivo fundamental aprovechar de la mejor manera posible los espacios que implica un proceso electoral y provocar una situación nacional de alta agitación y efervescencia política que podría generar dinámicas incontrolables para la dictadura Ortega Murillo.
Para las fuerzas azul y blanco participar en los comicios implicaría una intensa jornada movilizativa, muy planificada y organizada y con suficientes recursos humanos y materiales, capaz de crear una agitación sin precedentes en este país mediante un conjunto de actividades y acciones nacionales, regionales, departamentales y locales que constituirían expresiones de resistencia pacífica de la ciudadanía. Este proceso sería lo realmente relevante y podría tener consecuencias imprevisibles.
En elecciones libres triunfaría abrumadoramente la ciudadanía azul y blanco, lo cual es del conocimiento de los Ortega Murillo. Como están tozuda y fanáticamente aferrados al poder y por tanto decididos a no soltarlo jamás, no habrá comicios transparentes ni una victoria popular en el 2021 que ponga fin a esta hostigosa, insoportable, sangrienta y corrupta dictadura familiar. La opción es la resistencia en el marco electoral y para ello hay que estar dentro de él.
Hacer elecciones es un gran lío para el régimen
Ante la posibilidad de las elecciones, hay quienes como primera reacción dicen que no hay que participar, por diversas razones. Incluso hay quienes opinan que no hay que ir a los comicios, aunque sean libres si va a participar Daniel Ortega. Otros optan porque hay que participar si se cumplen ciertas condiciones: libertad a los 113 presos políticos; restablecimientos de los derechos políticos (las libertades básicas), reforma integral a la ley electoral e ilimitada observación electoral internacional.
Hay que poner sobre la mesa que el solo hecho de que exista un calendario electoral y que por ley los comicios deben celebrarse en noviembre del próximo año, es un problema mayúsculo para la dictadura, porque debe cumplir con esa disposición, y aunque se apreste a otro fraude como lo ha hecho en las votaciones más recientes, esto tiene un enorme grado de dificultad, complejidad y elevado costo, sobre todo en un contexto de grave crisis política y de estar en la mira internacional.
Es decir, realizar las elecciones no es un paseo para el régimen, sino una obligación por caminos sinuosos y abruptos que le implica muchos problemas, por ejemplo, que sean reconocidos por la comunidad internacional, lo cual no lograría si solo participara el devaluado FSLN y sus partidos satélites miembros de la llamada Alianza Unidad Nicaragua Triunfa, que es un nido de zancudos chupadores del erario público.
Si la dictadura quisiera que los comicios tuvieran alguna legitimidad, en primer lugar tendría que hacer concesiones para que participen los azul y blanco, la única contrapartida real y legítima, construida en el inmejorable fragor de la lucha popular del 2018 y fortalecida con la sangre de los asesinados por la dictadura y con el sufrimiento de tantos heridos, torturados (golpeados y lesionados), presos y expresos políticos, judicializados, asediados, hostigados, madres y otros familiares y la ciudadanía no orteguista en general.
Identificar métodos de lucha en contexto de dictadura
Participar no es solo apuntarse en una casilla, sino tener espacio para hacer campaña electoral, para lo cual es indispensable e ineludible que se restablezcan las libertades públicas. Aun así, si en comicios pasados turbas de la dictadura han asesinado, herido y golpeado a opositores durante los procesos electorales como ha ocurrió en el 2016 en El Carrizal (militantes del Frente mataron a tres personas de una familia), ahora que tienen un ejército paramilitar hay que contar con que actuarán en contra de las fuerzas azul y blanco.
También es indispensable el acceso a los medios de comunicación masivos. Sería suficiente con los medios de comunicación independientes del régimen, pues el “imperio mediático televisivo” construido por la familia Ortega Murillo con cuantiosos recursos financieros del pueblo, es un gigantesco cascarón sin audiencias significativas.
Ante la peligrosidad de unos comicios bajo el control de una dictadura violenta, represiva, sangrienta, inescrupulosa y corrupta, se necesita el fuerte escudo de la observación electoral internacional, sobre todo de la ONU, la UE, la OEA y el Grupo Carter, cuya presencia suficiente y con antelación, podría ser disuasiva de agresiones a los azul y blanco, aunque no una garantía total.
Además, los observadores deberán preparar una capacidad en correspondencia para poder recibir y procesar e incorporar en sus informes, una enorme cantidad de denuncias documentadas de las previsibles múltiples violaciones que cometerían los desbocados rojinegros habituados al golpe y la patada. Es decir, nada de legitimar y mucho de actuar y denunciar.
Quienes por principistas o fundamentalistas consideran que inscribir una casilla sería una traición al pueblo azul y blanco, tienen una severa miopía que les impide identificar formas y métodos de lucha de acuerdo con el peligroso contexto de vivir en una férrea dictadura.
El autor es periodista y escritor.