No le disparen al mensajero

Al encontrarnos a pocos días de las elecciones presidenciales de EE.UU., quedo sorprendido de la cantidad de artículos de opinión que únicamente vociferan y repiten un mensaje anti-Trump; en muchos casos sin poder dar razón de los mismos y, en otros, abiertamente compartiendo mentiras que en su momento han sido ya aclaradas (aún al pesar de los principales medios de comunicación en EE.UU., también conocidos como “mainstream media” o MSM).

Por ejemplo, leí hace pocas semanas un artículo de opinión de Carlos Alberto Montaner que fue publicado en LA PRENSA de Nicaragua, en el cual llamó al presidente de EE.UU. —con palabras más o palabras menos— arrogante, avallasador, mentiroso, poco serio y, además, desagradecido con sus aliados, títere de Putin, evasor fiscal, enemigo de la ciencia, nacionalista peligroso y —para variar— “racista y supremacista blanco de la peor calaña”. En otro artículo, de similar tono, el mismo autor opina que los republicanos hacen lo que pueden con Trump y que muchos de ellos tienen el dilema de seguir con él o no ser electos (obviando el pequeño detalle de que Trump tiene el inequívoco apoyo de la base republicana —habiendo obtenido el 94 por ciento de los casi 20 millones de votos en las primarias de dicho partido, la cantidad más alta jamás registrada en las primarias republicanas para un presidente que busca reelección). Más recientemente, en El Nuevo Herald, el señor Andrés Oppenheimer también despotricaba contra el Presidente, señalando que, además de tener una “espantosa personalidad”, es “un pésimo ejemplo” y “un ser humano horrible”; que ha “alentado el racismo y la xenofobia” y que “su manejo de la economía ha sido mediocre” (esta última es la más sorprendente de todas).

Respeto las opiniones del señor Montaner y del señor Oppenheimer, pero obviamente no las comparto; sobre todo porque el tener una opinión negativa de un candidato no hace verdaderos los puntos con que se trata de justificar dicha opinión. Es fácil entender cómo existe tanta gente que son claramente anti-Trump y que únicamente por esa razón resultan ser pro-Biden (no por méritos propios del candidato demócrata). Es gente que además no desea escuchar ni saber sobre los logros y promesas cumplidas por el presidente Trump durante su administración y que aparentemente se conforman con leer los titulares y escuchar las opiniones —casi siempre sesgados— de MSM (sin hacer averiguaciones independientes o indagar más). No cabe duda de que la cobertura mediática de los últimos 4 años (prácticamente negativa en su totalidad de parte de MSM y en contra de Trump) ha calado profundo en muchas personas; tanto así que el sentimiento anti-Trump es casi imposible de revertir y nubla el juicio con relación a cualquier tema relacionado con Trump. Naturalmente, esa “condición”, también conocida como “Trump Derangement Syndome” o “TDS”, ha causado una división y polarización en EE.UU. entre la derecha y los “anti-Trump” (que incluye demócratas, comunistas, socialistas, RINOs, Never-Trumpers, Biden Bros., ANTIFA, etc.), división que convenientemente los opositores (incluyendo MSM) tratan de culpar al presidente actual.

Sin embargo, se equivoca MSM si creen que todos han sido convencidos por ellos de que Trump es el demonio encarnado, el anticristo o el nuevo Hitler. Lastimosamente para ellos no fue así. Hay muchos que ven más allá del mensajero imperfecto que puede ser Trump, y se enfocan en el mensaje (plataforma de gobierno, promesas de campaña, logros y promesas cumplidas, etc.). Tanto es así, que una reciente encuesta de Gallup muestra que el 56 por ciento de los estadounidenses dicen que están mejor ahora que hace cuatro años. Dicho de otra forma, la mayoría de los votantes estadounidenses están más satisfechos en 2020 —¡aún con una pandemia!— que en 2016 (fecha que marcó el fin de la administración de Obama-Biden).

En cuanto a la economía, las políticas promovidas y defendidas por Trump lograron llevar el desempleo a mínimos históricos a principios de 2020 y, aún con la pandemia y los cierres forzados que continúan de forma indefinida en estados con gobernadores demócratas, la economía se está recuperando. Se cuenta ya con un desempleo por debajo del 8 por ciento y con tendencia a la baja. Cabe recordar que el crecimiento anual del PIB de 2018 fue del 2.9 por ciento y de 3.1 por ciento en el primer trimestre de 2019.

¿Podrá ser que los votantes valoran más la prosperidad, el crecimiento económico, los acuerdos de paz, la seguridad pública y la protección de los derechos individuales, que los mensajes “huecos”, los cierres forzados indefinidos, las amenazas de mandatos nacionales de uso de máscaras y de copar la Corte Suprema de Justicia, los aumentos de impuestos, el irrisorio Green New Deal (aún en su versión “light”), los disturbios, los saqueos, el irrespeto a la policía)? ¿Podrá ser que prefieren un gobernante que vele por los intereses de sus ciudadanos, en vez de los que solo velan por sus esquemas de “pagar por jugar” (pay for play), como los que salieron a la luz durante la candidatura de Hillary Clinton y que nuevamente lo hacen ahora con Joe Biden? Sobre esto último, vale mencionar que ya existe evidencia corroborada (aunque enterrada por el MSM y los gigantes de las redes sociales Twitter y Facebook) que muestran que Biden, mientras era el vicepresidente de los EE.UU., a sabiendas permitió a su hijo (y aparentemente también a sí mismo) beneficiarse “vendiendo acceso” a la Vicepresidencia y a otros en la administración Obama. Este esquema, que involucró a personas ligadas al Partido Comunista de China (PCCh), además facilitó la aprobación de la venta a los chinos de una o más empresas que desarrollan tecnología de punta, incluyendo tecnología de “doble uso” (es decir, tecnologías con aplicaciones civiles y militares).

Por razón de espacio, no es posible aquí profundizar en los logros y promesas cumplidas de la administración actual, pero para quien realmente quiera hacer averiguaciones independientes o indagar más, todo se puede encontrar en la red. No obstante, considero necesario recordar a los lectores que la narrativa anti-Trump —fabricada y diseminada por sus opositores, incluyendo MSM y miembros de agencias de inteligencia de EE.UU.— ha tenido desde siempre el evidente propósito de subvertir la presidencia de Trump, la cual aún a esta fecha, sus opositores no han querido ni sabido aceptar. Para ellos, Trump nunca debió haber ganado la presidencia en 2016 y, de ser reelecto en el 2020, el TDS les aumentará a niveles ridículos, pero a la vez peligrosa. Alguien debería de convencerlos de que las “malas noticias” que reciben no son más que el sentir y pensar de millones de estadounidenses… y que Trump es solo el mensajero.

El autor es abogado y notario público, socio director de García & Bodán (Managua, Nicaragua) y director regional de la Práctica Corporativa y Transaccional.

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