El actual proceso electoral en Estados Unidos a todas luces es el que más ha impactado e involucrado a los latinos ciudadanos y residentes en dicho país, desde la primera vez que un candidato puso interés en este sector de votantes latinos, cuando la esposa del entonces candidato John Kennedy realizó un spot pidiendo en español el apoyo para presidente. Es tanta la importancia que muchas personas latinas le dan a este acontecimiento de derecho político en muchos espacios de los medios de comunicación y las redes sociales que no puede pasar desapercibida y analizamos de alguna manera la incidencia de la campaña en nuestra cultura latina.
En primer plano, se evidencia que la campaña tiene su preponderante elemento en la política doméstica y en esto la esencia los temas de salud pública y estabilidad económica del núcleo familiar y social. En esta realidad los republicanos —entiéndase equipo Trump—, conociendo la raíz de la preocupación del electorado y que les crea desventaja, se dieron a la tarea de prefabricar otros temas de interés y magnificarlos hasta tal punto que un sector amplio de la opinión pública los asumiera como parte determinante del debate. Estos temas sobrevenidos fueron China culpable del virus, el candidato demócrata es una amenaza para la democracia y tiene tendencia socialista, también que no tiene la calidad de imponer la ley y el orden y que tiene nexos con países de corte totalitarios. Los demócratas que estaban satisfechos con los temas de origen siguieron su estrategia de profundizarlos y a los temas prefabricados responderlos, pero no con la intensidad que desea el adversario para no distraer la atención primaria.
La estrategia Trump con los sectores latinos primordialmente el colegio electoral de la Florida es, a la luz del análisis político, degradante y falta de cientificidad en la búsqueda de llegar a obtener el objetivo. Veamos: Latinos de origen mexicano. Este sector impactado con la intimidación constante del muro, aunque a su promesa del muro se desvanece con el tiempo la amenaza persiste y el votante de origen mexicano es difícil que en su mayoría den un voto empacado en zozobra. Latinos de origen cubano. La Ley de Ajuste Cubano de 1996 (CAA, por sus siglas en inglés) era un vital instrumento para la comunidad cubana y uno de esas prerrogativas los tenían los trabajadores de la salud. El 12 de enero de 2017, el expresidente Barack Obama anunció el cese inmediato de la política de “pies secos, pies mojados”, Trump perfectamente pudo dar de alta de nuevo a estas normas incluso, pudo introducir una ley más efectiva y aprobarla con la política bipartidista, pero no lo hizo y sigue con promesas golondrinas para la comunidad cubana fuerte y ya con cultura política electoral. Latinos de origen venezolano, el caso emblemático para la comunidad latina y en esto ha sido aún más osado en dar a entender que están abiertas “todas las opciones” en el caso de la presión a Maduro y su régimen. Su única línea de acción para evidenciar su decisión imperial es autorizando una acción de respuesta contundente militar a un imponderado que surta en Venezuela, esto decimos los latinos está en la cola de un venado. Latinos de origen nicaragüense, en estos está influyendo mucho la promesa de darles refugio, aunque en la práctica se están deportando a perseguidos políticos y la promesa de sacar a Ortega con base a presiones en conjunto con organismos hemisféricos y entes multilaterales no está tan sustentada, según evidencias presentadas en su último libro por el político John Bolton, en lo que en su momento por estrategia política con Trump denominaron la Troika del mal. Una parte de nicaragüenses con raíces de cultura políticas dictatoriales y caudillistas ven en Trump el salvador del mundo y no razonan que para él Nicaragua dejaría de ser un tema de menos importancia en un segundo mandato. Esta campaña electoral refleja la simpleza del deterioro de un colegio electoral estadounidense que ya requiere renovaciones sustanciales, pero es más importante señalar que se denota una dramática fisura en la decadencia del sistema estructural en la sociedad norteamericana.
Hay dos máximas que podríamos poner en conjeturas latinas para proyectar la posible victoria de cada candidato.
Donald Trump asumiría la arrogante y oportunista teoría de la histórica frase “dadme un balcón y seré presidente”, del político José María Velasco Ibarra, quien fuera presidente de su país, Ecuador, por cinco veces. Joe Biden, con la estrategia, astucia y maquiavelismo demócrata, aprovechar el pantano de errores del adversario y asumir la célebre frase del inmortal de nuestra América José Martí: Hacer en el momento, lo que en el momento es necesario hacer.
Es en esta lógica de incertidumbre política en que ambos esperan la victoria, el día tres de noviembre no será día “D”, será día “CC” (consecuencia Covid). Sea quien gane, no es predecible que se dé a inicio una revolución o una confrontación dramática en Estados Unidos, a ellos los divide la competencia, pero los une el sistema y recordemos algo muy importante, los políticos de Norteamérica nacieron para odiarse cariñosamente.
El autor es docente titular de Derecho Constitucional.