Ahuizotl fue un gran Huey Tlatoani del imperio mexica. O sea, era, de acuerdo con su lengua náhuatl, el gran orador, porque consideraban los pueblos que el gobernante era un mediador entre ellos y los dioses. Cabe mencionar entonces que, en Nicaragua, cuando alguien se cree que está por encima de los demás, generalmente se le dice: “Te la das de tuani”. Es una prueba cómo el vocablo náhuatl, y su dimensión semántica, después de más de 500 años, perdura en nuestra realidad del habla nicaragüense.
El gobernador Tlas Toani, o como se conoce en el libreto, Tastoani, obviamente se trata de transferir con lengua precolombina, la consideración de poder y mando en el personaje del Güegüense.
Ahuizotl, “Perro de Agua”, para algunos lingüistas del idioma, y para otros, “Espina de Agua”, gobernó al pueblo mexica durante 16 años, fue un guerrero implacable lleno de crueldades y su dominio llegó más allá de los reinos del Quiché, (Guatemala), hasta la gran Nicoya. Los mandos de su dios el terrible Huitzilopochtli (colibrí del sur), dios de la guerra.
Cada cumpleaños enviaba a sus tropas a recorrer los territorios que le debían vasallaje, y a fuerza capturaban a centenares de jóvenes, y los llevaban hasta la Gran Pirámide donde eran sacrificados; arrancándoles el corazón. En cada fiesta o para la inauguración del Templo Mayor, ofrecía a los dioses 30,000 corazones.
Cada año en esta zona, en la que hoy es Nicaragua, específicamente Masaya, Granada, entre otros, se esperaba como una gran desgracia el cumpleaños del Huey Tlatoani. Los pueblos indígenas aseguraban que llegaba Ahuizotl y buscaban refugio. Su nombre significaba una desgracia.
Llegaron los conquistadores, pero en el inconsciente colectivo de los pueblos que sobrevivieron el despoblamiento que realizaron los españoles, continuaron, transmitiendo el sentido de desgracia mediante la trasformación semántica del vocablo.
Los indígenas y mestizos, herederos del sentido comunitario de la desgracia que llega de pronto, definieron con el mismo significado, que lo malo, lo inesperado, o cualquier desgracia, se llamaba: Un ahuizote. Las expresiones populares eran: “Cuidado, ese es un ahuizote”. “Deben ser ahuizotes”, “Ni quiera Dios, eso es un ahuizote”, todo vinculado a una desgracia inesperada.
Hace unos 20 años, más o menos, algunas personas interesadas en competir con el Halloween —día de brujas— y abandonar la influencia de los países europeos y los Estados Unidos, crearon “Los Agüizotes” y desde ese hecho, se ha especulado, hasta con lo ridículo, queriendo dar explicaciones fantasiosas alejadas de la cultura y de la historia.
Alguien se atrevió a decir en un medio de comunicación que la palabra venía del pájaro Güís, tamaño disparate, y otro que los “Agüizotes” habían sido inventado por los chorotegas. Peor aún.
Vivimos en una cultura donde las mentiras, los inventos fuera de todo estudio serio, se convierten en dogmas, y se hace imposible, arrancarlo incluso de los medios.
La autora es periodista.
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