A escasos doce meses de unas elecciones que solo los “presidenciables” ven venir, la oposición en general sigue enfrascada en luchas sin sentido, en las que pareciera que lo más importante es descalificarse mutuamente. De esta inverosímil actitud no se escapa nadie, pues participan los de arriba, los de en medio y los de abajo, es una guerra de todos contra todos. Permítanme explicarme. ¿Quién entiende a algunos líderes del movimiento campesino, que tienen una guerra a muerte para quitarle la representación de su movimiento a Medardo Mairena, siendo que este es el dirigente con mejor opinión pública favorable a nivel nacional e internacional? Luego tenemos a don Mario Arana, de la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia (ACJD), haciendo confidencias por teléfono, afirmando que la decisión de abandonar la Coalición Nacional por incompetente e ineficaz ya está tomada, pero que lo harán hasta después de la reunión de cancilleres de la Organización de Estados Americanos (OEA), decisión que ya era conocida en círculos políticos, pero que gracias al audio difundido profusamente ahora es del conocimiento de más de medio millón de nicaragüenses. Por el otro lado, los señores de la Coalición Nacional no se ocultan para decirle a los de la ACJD que ya se hubieran ido. A esto agreguémosle un considerable número de dirigentes de diferentes organizaciones peleándose porque al decir de ellos, cada uno se considera el más puro, el iluminado y si se les recuerda su paso por el partido del comandante, campantemente te dicen que ya pidieron perdón. Así las cosas, los de la UNAB son izquierdistas, los de derecha son capitalistas corruptos, los CxL son el Caballo de Troya del gobierno, los jóvenes no tienen experiencia y los viejos ya jugaron. En síntesis, no queda títere con cabeza para ponerse al frente de ese setenta y un por ciento de nicaragüenses que manifiestan ser antisandinistas, pero que a su vez siguen a la espera de quien, practicando con el ejemplo, se ponga al frente de la oposición y diga síganme.
Es por ello que a riesgo de las críticas que podrían surgir, mi humilde opinión es que ninguno de los actuales dirigentes de las organizaciones existentes han demostrado tener aquello que distingue al líder, pues para guiar una nación se necesita tener, entre otras cosas, los siguientes atributos: Credibilidad: en nuestros días, es la cualidad más importante que debe tener un líder. Firmeza: la política no es terreno para pusilánimes y mucho menos en los tiempos que vivimos. Honestidad: el líder político debe ser honesto con él y con el pueblo. Convicción: el líder debe convencer a sus seguidores e incluso a sus adversarios de que está dispuesto a cumplir las promesas que hace.
Carisma: el líder debe transmitir confianza al ciudadano para que sienta que, a pesar de estar pasando por un mal momento, él es la solución a sus problemas.
En pocas palabras, el verdadero líder no lloriquea por un puesto, lo asalta, se pone al frente y dice síganme. Tampoco cierra espacios a liderazgos emergentes y, si lo hace, estamos corriendo el riesgo de estar incubando algo parecido a lo que queremos sacudirnos. Hago esta referencia porque sé de una organización de la sociedad civil con amplia presencia nacional que tiene cuatro meses de estar esperando por una resolución que le permita integrarse a la Coalición Nacional, pero hasta donde tengo conocimiento, los señores de la Coalición no terminan de definir su ya famoso código de ética. Por esto y algunas cosas más, considero que urge una evolución de la oposición.
Para finalizar, les dejo una frase de Abraham Lincoln, con la intención que los políticos la incorporen a su diccionario: “Se puede engañar a todos algún tiempo, a algunos mucho tiempo; pero no se puede engañar a todos todo el tiempo”.
El autor es comentarista político.