Es muy difícil la situación de la oposición política en Nicaragua. Difícil y peligrosa. Por un lado los opositores son víctimas de una represión sistemática y cruel, persecuciones en las calles, asedio en los domicilios, confiscaciones de propiedades, chantajes fiscales y hasta ataques personales con intención homicida, como el que sufrió Verónica Chávez en Nindirí, Masaya, el domingo 11 de octubre, al terminar una reunión pacífica de la Coalición Nacional.
Pero además, la oposición se flagela a sí misma. No solo se desgasta con controversias interminables por cuestiones de tácticas y estrategias, lo mismo que por afanes de liderazgo que son normales en cualquier grupo humano y organismo social, sino que también se descalifican, insultan y denigran unos a otros. En algunos casos estas actitudes anómalas son practicadas e instigadas por infiltrados de la dictadura, pero en general se deben a falta de madurez política y de tolerancia entre los mismos opositores.
El colmo es que hasta hay quienes niegan a los opositores el derecho de ser o de llamarse oposición. Quienes eso dicen no solo son parte de la dictadura, sino también del sector democrático, personas que aducen que solo donde hay democracia puede haber oposición.
Pero la verdad es que sí hay oposición en Nicaragua. Una oposición complicada pero heroica que no deja de luchar por la democracia a pesar de la cruda represión de la dictadura.
La oposición —dice Rodrigo Borja— es “la acción y efecto de oponerse a un gobierno, es decir, de impugnar su conducta por razones de conveniencia, oportunidad, honestidad o juridicidad. Y llámanse fuerzas de oposición, o simplemente ‘la oposición’, a las que asumen esta actitud”.
Donde hay democracia la oposición es un derecho fundamental, constitucional y humano de los ciudadanos y las organizaciones partidistas. Además, la oposición ejerce allí una indispensable función de control del poder público y con sus críticas y propuestas en el Parlamento —donde por fuerza de ley tiene que estar representada proporcionalmente—, colabora con el gobierno para el mejor ejercicio de la administración en pro del interés social y nacional.
Pero la oposición también existe aunque distinta en su forma y por sus funciones, en las dictaduras y sistemas totalitarios que impiden el ejercicio de las libertades civiles, no reconocen los derechos de los ciudadanos, no toleran la disidencia y castigan severamente a quienes se atreven a ser opositores. Allí no hay grandes movimientos de oposición porque no es posible organizarlos, y tampoco existen partidos opositores formales porque el sistema solo reconoce al partido gubernamental y en algunos casos a grupos colaboracionistas. Pero existe la oposición como una expresión valerosa y heroica de la lucha por la libertad, la democracia, la justicia y el derecho a vivir con dignidad. Y si existen personas y grupos opositores hasta en los países más totalitarios, como Corea del Norte y Cuba, con mayor razón hay oposición en Venezuela y Nicaragua donde a la democracia aun no se le da por perdida del todo.
En las dictaduras totalitarias, sobre todo las de ideología marxista, es impensable una oposición institucional. Pero hay muchas personas que arriesgan hasta la vida luchando por la libertad y la democracia. Es una oposición que sufre mucho, pero no por eso deja de luchar heroicamente.