/ René González

Salud, españoles

Los nicaragüenses hemos visto de todo: terremotos demoliendo ciudades y aniquilando gentes; erupciones volcánicas calcinando cielo y tierra; inundaciones rediseñando nuestra geografía; sequías deshidratando ríos, plantas y animales; avalanchas de tierra y lodo arrasando con todo; maremotos ahogando pueblos; huracanes soplando a velocidades de vértigo; erupción, sismo y ciclón sincronizados; y en todas esas tragedias, España, que ayer 12 de octubre ha celebrado su Fiesta Nacional, siempre nos ha brindado apoyo respetuoso y sin condiciones.

En este año “horribilis” cargado de tragedias, dolor y luto, esa misma España sufre y llora desconsoladamente.

España sangra devorada por el dolor al ver a sus hijos diezmados por las garras del mortal virus invasor, que llevado por los vientos del lejano oriente se ensaña en sus carnes.

Desde el Instituto Nicaragüense de Cultura Hispánica (INCH) en Managua, Nicaragua, hago llegar nuestros sentimientos de dolor y pesar al pueblo español. Las campanas hoy doblan por España.

En esta fecha quisiera acompañar a los adultos mayores españoles que sufren más que nadie. A los que luchan para salir adelante. A los que no lo han conseguido y nunca serán olvidados. A los sanitarios que luchan sin descanso, sufriendo y salvando vidas. A los servidores de limpieza, indispensables. A las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, a las Policías Locales y guardas que velan por la seguridad de los españoles. A los bomberos, a la población civil, a los transportistas, a los trabajadores de supermercados y farmacias que luchan por el bienestar de todos. A los miembros de las Fuerzas Armadas que desinfectan y levantan hospitales. A todos esos españoles anónimos que ayudan donde más se necesita. A los que se quedan en casa. A todos sin excepción desde Nicaragua les saludamos, les agradecemos su desprendimiento en el pasado y les instamos a seguir luchando. ¡La guerra no ha terminado!
Por tal razón, no se debe bajar la guardia y más bien todos los españoles y las españolas juntos deben seguir firmes, expectantes y alertas para acudir al llamado de su patria. No me queda duda que gracias a una dosis de sacrificio colectivo monumental, asumido no con resignación sino con entusiasmo, los españoles conseguirán el equilibrio sanitario de su país y la recuperación de la economía, lo que, de nuevo, tendrá que ser una tarea del colectivo. Deben ser un ejemplo para el mundo. Su tesón nace del convencimiento de la fortaleza inherente a la solidaridad y al compromiso de cada uno con el sitio que les vio nacer, un país que les ha ofrecido, hasta el presente, una de las mejores calidades de vida del planeta.

Saludo a España aunque con lágrimas de dolor por la pérdida de vidas humanas que ha sufrido. ¡Salud y adelante españoles!

El autor es presidente del Instituto Nicaragüense de Cultura Hispánica.

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