¿Ha fracasado la política?

Si es cierto que la misión principal de la política, como dice el escritor español Javier Cercas, es “evitar a toda costa la creación de las condiciones propicias para que los ciudadanos saquemos lo peor que llevamos dentro”, habría que reconocer que en Nicaragua la política ha fracasado. Al hacer de la política una bandera de odio y practicarla como una guerra, la dictadura la ha hecho fracasar y los políticos democráticos no lo han podido impedir.

Sin embargo, que el régimen dictatorial haya convertido la política en una guerra que como todas saca a la superficie lo peor del ser humano, no debería motivar a los adversarios de la dictadura a ser sus contrarios idénticos, porque entonces sí habría que decir, con razón, que ya solo cabría esperar que Dios salve a Nicaragua.

Otro gran escritor, en este caso el francés Marcel Proust, escribió a su amigo el pintor Jacques Émile Blanche que “el mayor mal, el único auténtico mal que nos hacen los malvados, es impedirnos responder a su maldad con la bondad, en convertirnos también en un poco malvados”. Y lo peor es no querer o no poder darse cuenta de ello, agregamos nosotros.

Los obispos de la Iglesia católica que entienden esto muy bien, no se cansan de llamar a quienes practican la política a pensar más en la gente e identificarse con sus sufrimiento; y por lo tanto a dejar a un lado la codicia de poder, el egoísmo personalista y la perniciosa creencia en la falsa superioridad de unos con respecto a los demás. Por supuesto que estos llamamientos de los obispos son dirigidos a todos los políticos, pero especialmente a los que dicen luchar por la libertad y la democracia.

Cabe recordar que el 13 de septiembre recién pasado, monseñor Rolando Álvarez presentó públicamente una propuesta de doce reformas políticas y morales a la sociedad y la clase política. “Mientras en Nicaragua no se supere la fuerza destructiva y autodestructiva del mal del odio, de la venganza o de albergar deseos de venganza, de ver al otro como enemigo y querer eliminarlo —señaló el obispo de Matagalpa—, mientras nos atropellemos unos a otros, por más esfuerzos políticos que se hagan para salir de esta crisis en que nos encontramos, no solo no saldremos de ella sino que nos iremos hundiendo en más pobreza, delincuencia, tristeza y dolor”.

Por supuesto que quienes se dedican de oficio a la política, no son frailes franciscanos ni Misioneras de la Caridad. Son personas laicas o civiles que como todos los seres humanos tienen virtudes y defectos, para quienes el activismo político puede ser un medio para procurar el bien general, pero igualmente para aprovecharse, lucrarse, corromperse y hacer daño a los demás.

Sin embargo, el trabajo principal de los políticos —vuelve a decir Javier Cercas— consiste precisamente en impedir que los malos impulsos los dominen, en tener la capacidad de poner el interés común encima de las pretensiones personales, aunque estas sean legítimas como la aspiración a desempeñar un cargo público.

Si la dictadura por ser la encarnación del mal ha hecho fracasar la política, no significa que esta no se pueda regenerar, para hacer que Nicaragua vuelva a ser república como demandaba el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, el político ético por excelencia.

Editorial política archivo
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