De las tres no se hace una

La oposición política al régimen del señor Ortega en Nicaragua, ciertamente, es el pueblo en general. Mas, sin embargo, siempre será necesario, en política, tener un referente físico, con nombre, apellido, rostro, con destino y ubicación, que tenga capacidad de demostrar que sabe en qué está metido. No puede, ni debe ser, cualquier malabarista político.

Para una parte de la ciudadanía nicaragüense la oposición está centrada en la Alianza Cívica por Justicia y la Democracia (ACJD), la Unidad Nacional Azul y Blanco (UNAB) y la Coalición Nacional (CN). Algunos observadores dicen que “de las tres no se hace una”, otros piensan que hace falta forma de organización interna, terceros aseguran que hay intereses creados en los individuos o grupos de personas actuando. En su mayoría quieren ser presidente de la república.

He observado que los integrantes de las tres formas de organización social y política conservan sus relaciones internas con un liderazgo horizontal y/o colectivo. Esto evidentemente se saborea casi democrático. Esta práctica es apropiada para una sociedad igualmente democrática. Mas no a una sociedad que ha vivido en sus últimos ciento noventa años en estados cíclicos entre dictadura, guerras intestinas, y dictaduras. Es decir, la sociedad nicaragüense no conoce la democracia. La demanda de democracia es un anhelo de unos pocos estudiosos y académicos, que se atreven a manifestar algo que no se conoce, ni se practica.

Lo anterior demuestra los estire y encoge de las formas de organización sociopolíticas mencionadas. Estas requieren de un cambio diametralmente opuesto en su forma de organización. Deben cambiar hacia un liderazgo unipersonal y superar el liderazgo colectivo/horizontal, mismo que hoy día tratan de conducir y que no los deja avanzar.

No es cierto que la cultura política del nicaragüense se encuentre basada en la participación ciudadana, en la práctica del derecho, como tampoco es cierto que hayamos disfrutado de una república, ni con elementos o relaciones republicanas. Al parecer, nunca Nicaragua ha sido república. La estructura social y política en una sociedad deben estar, primeramente, en el pensamiento, en la filosofía de sus integrantes, de lo contrario serán elementos teóricos en el vocabulario de pocos y de otros repetidores orales que no saben lo que dicen, ni conocen los alcances de sus palabras.

Afirmo que los dictadores en la historia contemporánea del país han nacido y han sido creados en esta sociedad, son parte de estas familias, no han llegado de otras latitudes, no son extranjeros. Son dictadores nicaragüenses con hábitos y cultura nicaragüenses. Esta sociedad está acostumbrada al trato dominante, violento, agresivo y al sometimiento. Para mencionar algunos de sus precursores, Pedrarias Dávila, Zelaya, Somoza, Ortega.

A la sociedad nicaragüense le gusta tener un personaje referente, no le interesa los programas políticos, las propuestas políticas, en lo que se fija es en la persona, que, además, le satisface que sea “hombre fuerte” y adulto mayor.

Esta sociedad no se mira gobernada por una mujer, y menos por un joven. Lo que he notado en el pensamiento social y político es un temor al futuro, no es una sociedad a la que le guste las transformaciones.

No arriesga en la búsqueda de mejores ambientes, se atempera por miedo al cambio.

El autor es sociólogo e investigador social.
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