Por increíble que parezca en Nicaragua se están dando dos políticas contradictorias, por un lado el Intur promueve el turismo y proyecta el regreso a la “normalidad” y, por el otro, las autoridades aeroportuarias continúan exigiendo requisitos a las aerolíneas tan estrictos que están considerando una nueva postergación de la reanudación de los vuelos.
Ni en los años 80 el país estuvo tan aislado del mundo exterior como ahora. Había mayor frecuencia de vuelos aún en plena guerra civil a finales de los 80 que ahora. ¿Qué hacen las autoridades del Intur para facilitar la reanulación de los vuelos a Nicaragua, que es elemental para facilitar el turismo?
Un reciente reportaje de la revista “Financial Times” publicado el 1 de octubre, firmado por Bella Pollen y titulado “Destino Nicaragua: un país a un paso de un cambio extraordinario”, que seguramente es un viaje de prensa auspiciado por el Intur, anuncia la pronta reapertura de Nicaragua como destino turístico y destaca algunos atractivos turísticos que nuestro país ciertamente posee.
Pero este largo y positivo reportaje, que da por superada la crisis sociopolítica del país, también presupone el reinicio y facilitación de la llegada de vuelos, porque sin aviones volando y asientos de avión ocupados, no hay turismo, ni ingresos para el maltrecho aeropuerto internacional.
Cualquier gasto en promoción turística sin esta precondición elemental es un gasto superfluo e injustificable, más aún dentro de una economía en franca recesión, por eso doña Anasha Campbell debería de estar más preocupada en resolver el problema del aislamiento aéreo de nuestro país, que en promover la venida de turistas.
Qué es primero: ¿el huevo o la gallina?… sin la gallina, que son los aviones, no hay huevos, que son los turistas; ni que quisieran venir a Nicaragua a pesar de las serias advertencias del Departamento de Estado a los viajeros norteamericanos.
Resolver la crisis del aislamiento para las autoridades aeroportuarias es muy sencillo: basta con equiparar los requisitos sanitarios a las aerolíneas con los que hay en otros países donde la interconexión aérea ya se ha normalizado.
La situación está tan seria que Avianca, que es la única compañía que ha reanudado sus vuelos parcialmente, ha tenido que dejar a muchos pasajeros en Miami por las complicadas exigencias de las autoridades nicaragüenses, lo que ha causado mucho malestar en sus clientes y seguramente los vuelos no le han sido rentables.
Consecuentemente, se ha conocido que Avianca está considerando suspender nuevamente sus vuelos a la espera de que los requisitos de ingreso para los pasajeros sean flexibilizados.
La principal traba que han impuesto las autoridades aeroportuarias en Nicaragua y que es única en la región es la exigencia de pruebas de Covid-19 a la tripulación, a sabiendas de que esta es itinerante, además exige que las aerolíneas les envíen con 72 horas de antelación al vuelo, las pruebas de Covid-19 de los pasajeros y la lista de los mismos; en adición, que reporten qué tipo de aviones van a utilizar, como si se tratara de vuelos humanitarios o chárteres y no vuelos comerciales. Exigen además pruebas de Covid-19 muy específicas, que no se hacen en cualquier laboratorio.
En toda la región centroamericana y el Caribe se solicita que los pasajeros presenten un resultado negativo de las pruebas de Covid-19, pero solo Nicaragua ha dispuesto que las aerolíneas tengan la responsabilidad de recibirlos y enviárselos.
No culpo a la periodista Bella Pollen por su excelente artículo promocional de Nicaragua como destino turístico, porque yo siempre he sido un promotor del turismo, comparto su entusiasmo y todas sus apreciaciones.
Seguramente cuando ella vino al país se preveía la normalización de los vuelos comerciales, lo cual no ha ocurrido debido esencialmente a una política de estado que anula otra política de estado.
El autor es periodista y exministro de Turismo.