Por primera vez desde que está atendiendo la crisis de gobernabilidad de Nicaragua, el secretario general de la OEA, Luis Almagro, ha advertido a Daniel Ortega que si no realiza elecciones justas y limpias en 2021 su régimen podría ser declarado ilegítimo.
Así lo dijo Almagro al participar en un foro virtual sobre las elecciones en Nicaragua, que realizó el Departamento de Estado de Estados Unidos (EE.UU.) el pasado jueves primero de octubre. El secretario general de la OEA aseguró que “actualmente las condiciones hacen imposible que en Nicaragua se realicen elecciones libres, justas y transparentes”. Este pronunciamiento de Almagro tiene especial significación, considerando que el 20 y 21 de octubre se reunirá la Asamblea General de la OEA, la cual debe adoptar una decisión clave sobre la crisis política de Nicaragua después de que han fracasado todas las gestiones diplomáticas y políticas que ha hecho para persuadir a Ortega, de que debe comprometerse a realizar elecciones auténticas que conduzcan al restablecimiento de la democracia en este pequeño pero muy conflictivo país centroamericano.
Almagro precisó en el foro mencionado, que “el más alto órgano electoral (de Nicaragua) no es independiente, ni imparcial, sino más bien un organismo para promover los intereses del Ejecutivo, de Daniel Ortega”. Y agregó que “prácticamente todo ha sido cooptado por los sandinistas… A las organizaciones de la sociedad civil no se les permite monitorear los Derechos Humanos y tampoco tienen un decir en los asuntos electorales. El Registro Electoral no ha sido actualizado. No existe un protocolo permanente de administración o de control del padrón electoral”.
El 3 de julio pasado expresamos en este espacio editorial, nuestra opinión de que “una advertencia de la OEA al régimen de Daniel Ortega, de que las elecciones del próximo año no serán reconocidas en el caso de que no sean justas y transparentes, y certificadas por una observación electoral internacional creíble, podría ser más eficaz que suspender su participación en el organismo interamericano”. En aquel momento el Consejo Permanente de la OEA iba a reunirse para discutir la situación de Nicaragua y se hablaba de convocar a una Asamblea General Extraordinaria, para aplicar al régimen de Ortega el artículo 21 de la Carta Democrática Interamericana, que significaría suspenderlo de su participación en la Organización hemisférica.
Ahora, en el foro sobre Nicaragua realizado el jueves pasado por el Departamento de Estado, Almagro ha dicho que “entre los líderes de la región, Ortega es quizás la más sangre fría que existe y difícil de permear con presiones sobre él”. Sin embargo, agregó, “no le gusta la ilegitimidad, no le gustaría ser considerado como gobierno ilegítimo… no quisiera convertirse en un (Nicolás) Maduro, quien carga con la ilegitimidad por todo el hemisferio”. De manera que se debe empezar a trabajar “muy duro” en la ilegitimidad de Ortega para el año próximo, señaló el secretario general de la OEA, a fin de “crear las condiciones políticas y las condiciones electorales para que pueda haber elecciones justas” en Nicaragua.
Esta podría ser una última oportunidad, pero no solo para Ortega sino también para que la OEA haga algo contundente y eficaz en sus presiones a la dictadura de Nicaragua.