Reprimidos y desunidos

En los últimos días se han divulgado informaciones textuales y visuales de la implacable persecución policial a los dirigentes opositores, Juan Sebastián Chamorro, de la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia (ACJD) y Félix Maradiaga, de la Unidad Nacional Azul y Blanco (UNAB) y la Coalición Nacional. Los dirigentes democráticos son perseguidos por las patrullas de la Policía Orteguista cuando salen a realizar sus actividades políticas cívicas y pacíficas, las cuales son garantizadas —supuestamente— por la Constitución Política de Nicaragua y los convenios internacionales sobre los derechos humanos y civiles de las personas y sus organizaciones .

Pero no solo los dirigentes mencionados son víctimas del acoso policial. Centenares de otros activistas de la oposición y la resistencia cívica, exprisioneros políticos y sus familiares, defensores de derechos humanos, miembros de organizaciones feministas y de otras que trabajan en la construcción de ciudadanía, así como periodistas independientes en el desempeño de su trabajo, son víctimas de las acciones represivas de la dictadura.

También en estos días se ha divulgado bastante información sobre los interminables desacuerdos que hay en la oposición y la probable pronta separación de la Alianza Cívica con la Coalición Nacional. Por lo que se ve, hay un alejamiento de la gran unidad opositora nacional, de la cual se habla mucho pero en la práctica es poco o nada lo que se hace por ella. Más bien se practica la desunión a partir de que cada grupo supone y declara que es dueño exclusivo de la verdad.

Pero la dictadura no hace esa distinción. Lo mismo reprime a un dirigente o activista de la Alianza Cívica que a otro de la UNAB y la Coalición Nacional; a un alcalde o concejal del PLC que a un dirigente de CxL. Todos, cualquiera que sea su organización, filiación política o ideología, sufren la represión de una dictadura de signo totalitario en desarrollo, implacable y vengativa.

Independientemente del signo político que sean y de la verdad particular de la que pretendan ser dueños, todos los opositores como grupos y personas son perseguidos y maltratados por la dictadura. Pero se mantienen divididos, en vez de unirse aunque fuese solo para defenderse de la represión. Es cierto que las divergencias y las controversias son virtudes de la democracia, pero no hay que llevarlas al extremo, sobre todo cuando se tiene enfrente a un poderoso enemigo común agresor como es la dictadura sandinista en su versión orteguista.

Hace 54 años, cuando la represión era de la dictadura somocista y se luchaba igual que ahora por la libertad y la democracia, el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal escribió que “…en las celdas de La Aviación y de la Casa Presidencial (donde estaban entonces las cárceles de los presos políticos), nos damos la mano y pasamos al compañero del partido que sea, el bocado de pan o la lata de agua. Allí nos hemos sostenido, hombro con hombro frente al agresor de todos, formando una comunidad de hombres dignos, de hermanos, pero afuera, en la calle, en las tribunas donde se dicen los discursos o en las mesas redondas de la discusión, ya libres, no hacemos lo mismo. ¡Qué bárbaros somos!” (La unión será en la zaranda. LA PRENSA, 27 de agosto de 1966).

¡Y qué bárbaros seguimos siendo!, diría ahora el Mártir de las Libertades Públicas y apóstol de la unidad opositora contra la dictadura, contra cualquier dictadura.

Editorial Asedio policial libertad oposición archivo
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