Se dice que es heroica la persona que realiza una acción valiente y abnegada y es ilustre por sus hazañas; y es ejemplar quien por sus obras admirables es un gran ejemplo para los demás.
De manera que son heroicos y ejemplares los abogados —mujeres y hombres— defensores de presos políticos y de conciencia, y en general todos aquellos que defienden los derechos humanos y merecen por eso el reconocimiento de la sociedad.
Es oportuno y necesario hablar de estos heroicos y ejemplares ciudadanos, en ocasión de que el martes 29 de septiembre se ha celebrado el Día Nacional del Abogado y la Abogada, declarado oficialmente en el año 2013 en honor y memoria de Miguel Larreynaga, el prócer de la Independencia Nacional que se graduó en 1801 y está inscrito como el primer abogado en la historia de Nicaragua.
Los abogados que defienden el derecho consagrado en la Constitución Política de Nicaragua, los tratados jurídicos y las convenciones internacionales; los que abogan por los presos políticos; los que denuncian las violaciones a los derechos humanos, dicen que bajo la dictadura no hay nada que celebrar en el Día Nacional del Abogado y la Abogada.
Pero a nuestro juicio sí hay que celebrar, y mucho. Ante todo celebrar el valor supremo del derecho que es arma y escudo jurídico de los oprimidos y perseguidos. Celebrar y conmemorar el aporte luminoso del genio jurídico de Miguel Larreynaga a la Independencia de Nicaragua y la formación del Estado nacional. Celebrar la existencia misma de los profesionales del derecho que diseñan la arquitectura jurídica del Estado y la sociedad, y que son parte esencial del sistema judicial porque su actuación es obligatoria en los tribunales. Celebrar a los intérpretes del derecho que son indispensables para la formación del foro y las magistraturas; así como para la formulación y el cuidado de los contratos, que son el soporte fundamental de la convivencia social y del sistema económico y de propiedad.
En particular se debe celebrar que la sociedad disponga de abogados capaces y valientes que sacrifican su bienestar personal y familiar, que arriesgan su integridad física y hasta sus vidas al acudir en defensa de los presos políticos y de todas las personas víctimas de injusticias y exclusiones.
Los abogados nicaragüenses tienen una larga tradición de defensa de presos políticos y de conciencia. Ellos brillaron en tiempos de la dictadura somocista defendiendo valerosamente a los prisioneros políticos sandinistas y de los partidos democráticos. Y sobresalen con la misma inteligencia, vocación de servicio y espíritu de sacrificio que demostraban aquellos, los que ahora defienden a las víctimas de la nueva y peor tiranía sandinista.
Es imposible nombrar, uno por uno, a todos los abogados defensores de los presos políticos y los derechos humanos. Pero cada uno de ellos, mujeres y hombres, son merecedores de la admiración, el reconocimiento, el agradecimiento y el cariño de la sociedad nicaragüense, en particular de su parte sana y digna que es la que ama la libertad y la democracia.
Dice el enciclopedista jurídico Guillermo Cabanellas que a los abogados se les llama de muchas maneras: letrados, defensores, intérpretes de la ley, jurisconsultos, consejeros, consultores, versados en derecho, etc. Pero a las abogadas y abogados defensores de los presos políticos y los derechos humanos, hay que llamarlos también heroicos y ejemplares.