Casi siempre escuchamos “eres un misógino” y casi nunca el concepto de misandria. Misógino, de misoginia, se refiere al odio y desprecio al género femenino. A la mujer se le considera un objeto sexual, una cosa, está relacionada con el machismo y aplaude el abuso sexual e impone su voluntad, no acepta mujeres líderes y está circunscrito en el sistema patriarcal con el sistema económico liberal capitalista; se alimenta del sometimiento de ella al régimen productivo e infravalorado, y se le demanda sumisión y la convierte en la “reina del dulce hogar”, “la madre y ama de casa”.
La misandria es la aversión y odio de las mujeres a los hombres, es una consecuencia de la misoginia, son conductas individuales y no generalizables.
El género femenino es un constructo social como el género masculino y están estructurados para el funcionamiento de la sociedad con sus roles, valores establecidos por el sistema patriarcal. También existen mujeres misóginas, mujeres con mentalidades machistas que favorecen a los hijos en detrimento de las hijas o son las clásicas jefas de empresas más agresivas y crueles que los hombres. La misoginia promueve la violencia doméstica y la criminalización de la mujer; culpan a las víctimas: “ella se merece lo que le hicieron porque estaba provocando”, la “mujer que se acompaña por hombres es puta”. Se favorece e impone la autoridad del hombre, las mujeres son percibidas como incultas o inferiores.
Podemos decir que las mujeres de estas dos últimas décadas somos sobrevivientes del machismo y misoginia, comparadas con nuestras madres y abuelas, que no llegaron a asistir al colegio y se dedicaron a criar a la prole, de mínimo doce que era lo más frecuente y ponía de nombre ‘Benjamín’ al último crío. No es de extrañar el nivel de educación actual y conciencia social en esta época que nos ha hecho comprender y tener estima a nosotras mismas en cuanto a la igualdad y equidad de género de las luchas feministas, que desde los años 60 y 70 del siglo pasado reivindican la visibilización de la mujer y todavía hoy en día siguen siendo desprestigiadas, porque no se estudia el trasfondo sociocultural de las relaciones productivas de la familia en las sociedades capitalistas.
Ahora, en tiempos de covid, todo irá a cambiar… estamos o hemos retornado a la “cueva” o laboratorios de familia que no sabemos realmente qué se está generando, porque la familia está más junta quieran o no quieran y se están dando nuevas interacciones. Niños, niñas, adolescentes y ancianos están en el mismo espacio físico-ambiental, psicoafectivo. ¿Cómo modulan los tiempos personales y familiares con las labores desde casa sean del colegio, trabajo y crianza? ¿Cómo hace la mujer madre, trabajadora con sus diferentes roles?
Es cierto que se ha conseguido con las leyes laborales y de seguridad social algunos beneficios, como la ley maternal y de protección a la gestante y recién parida para alimentar al nuevo miembro, pero hacen falta muchos derechos. Decía en el primer párrafo que la misoginia se da más en hombres y entre mujeres cuando nos denigramos, o por efectos de una socialización de sometimiento, miedos y temores, las chicas se pelean por los chicos, y se da una rivalidad femenina; se sienten inferiores, malas e incompletas y necesita de un hombre que la represente. “Hombre es hombre porque cae parado” es un dicho terrible y sexista.
Ante ese panorama ella se equipara al hombre y se niega a ser niña, porque quiere ser varón por los privilegios, no le gusta las muñecas, nada del ‘mundo rosa’, ser chica es algo malo y escuchamos en la clínica “a mí me ha pasado”, “tú no eres como las demás”, expresiones que son en una etapa de crecimiento halagadoras. Pero, en realidad, nos ayuda a reflexionar en ese proceso de convertirse en mujer y ciudadana, y luego comprenderemos que para desarrollar las luchas reivindicativas no debemos caer en maniqueísmos del poder machista patriarcal que teme la unión y solidaridad de las mujeres. Es necesaria la unión de las mujeres con hombres comprensivos y amantes de las causas feministas, enemigos de la plaga del machismo que es más terrible que el covid y asesina mujeres y familias.
El hembrismo es una actitud de arrogancia de las mujeres hacia los hombres, y es hasta parecido al machismo, un sesgo peyorativo, discriminatorio que solo ve a la mujer salvadora en hordas y esto es también “una ilusión” como el retorno del matriarcado, de las Amazonas y quizás vamos a otras formas de convivencia y no sabemos nada de lo que se está gestando…
La misandria ocurre cuando se da y se demuestra odio y desprecio al género masculino. Se han realizado pocos estudios y no podemos negar casos individuales, clínicos, pero no hay un sistema social que las apoyen, y realmente la mujer al sufrir muchas frustraciones se aíslan e incluso nunca contactan con otras personas. Es cierto que al principio hay un distanciamiento de los hombres que luego las llevarían a una especie de misantropía, una aversión al género humano. ¿Cambiar? Cuando lo hagan las colinas (Emily Dickinson).
La autora es psicóloga y promotora cultural peruana-venezolana.