Con la nominación de Kamala Harris como la vicepresidenta de Joe Biden en la fórmula del Partido Demócrata para la contienda del próximo noviembre 3, la tendencia izquierdista del partido ha sido confirmada.
Kamala Harris al presente es senadora por el estado de California, y anteriormente la procuradora por el mismo estado. Su manejo de ambas posiciones ha sido entre controversial y aterrador, y discutirlas en este artículo tomaría muchas páginas.
Para muestra un botón: el periodista David Daleiden fue enjuiciado por haber grabado y divulgado la transacción de partes de recién nacidos por la institución de Planned Parenthood, la cual se dedica a abortar bebés. David fue enjuiciado por hacer pública la grabación y no por el método utilizado para obtenerla, lo cual es lo común en estos casos. Planned Parenthood confabuló con Harris para enjuiciar a David bajo falsas bases legales, por lo cual el enjuiciado ha ganado una demanda por dos millones de dólares. David tiene otras demandas pendientes contra Harris por haber violentado sus derechos constitucionales.
Todo esto sucede bajo una ola de protestas raciales después de la muerte de George Floyd, que dio lugar a una mayor preponderancia del movimiento Black Lives Matter (BLM), la Vida de la Gente de Color Importa. Las protestas han dado a lugar situaciones de vandalismo y propagación de incendios, y en un esfuerzo por desacreditar a la policía. BLM es una entidad que apela a la simpatía juvenil por su aspecto antirracial. Sin embargo, de la misma manera en que esfuerzos con tendencia izquierdistas han encontrado un motivo de división en la religión en los países de otros continentes, en las diferencias sociales y económicas en Latinoamérica, la diferencia racial ha sido la cuña que han logrado usar para separar a la gente en este país. O sea, que el movimiento de carácter antirracial BLM ha sido secuestrado por la izquierda y se ha convertido en un movimiento político.
El problema no es Kamala, sino Joe Biden. Joe tiene una situación de lucidez mental que no es normal. Sus frecuentes y vergonzosos errores vocales en sus discursos y entrevistas han puesto en duda su capacidad para gobernar Estados Unidos. Frente al micrófono, en momentos parece perder su dirección de pensamiento, y a veces da la impresión de estar en busca de palabras para continuar su discurso. Este reciente problema contrasta con su pasado de casi 50 años como un político sagaz. Más de la mitad de los votantes demócratas no creen que Joe va a completar su primer período como presidente, si es que logra ganar la elección. Joe no ha tenido una sola entrevista libre con un grupo de periodistas desde marzo, en cambio su contrincante político en general sostiene más de una al día, muchas en un ambiente hostil.
Con el resurgimiento de un grupo de legisladoras de tendencias progresistas, y con un Bernie Sanders quien controla un fuerte movimiento socialista, esta coalición pretende tomar el país en una dirección izquierdista. Lo único que este grupo político necesita para completar sus planes es la presidencia. Joe vendría a ser la ficha con quien podrían lograr su objetivo. La forma como Joe ha cambiado sus tendencias políticas en tan corto tiempo es una indicación de su facilidad para amoldarse a las pretensiones de la coalición. En este momento Joe y la coalición se necesitan mutuamente para lograr una victoria, pero al lograrla Joe dejaría de figurar como un miembro decisivo en la dirección del país. Joe no tiene a ningún aliado con el poder político como para darle una ventaja sobre la coalición.
O sea, que existe más de una fuerza liberal que está en busca del poder con el mismo objetivo: voltear el país hacia la izquierda. Por un lado el grupo de legisladores progresistas, por otro el movimiento BLM, y por último una fuerza furtiva creada por la pandemia que ha fomentado el desconcierto en la población y un descalabro económico, todo en favor para el triunfo de Biden. De esta manera se crea un ambiente fértil hacia el socialismo que usará a Joe como su caballo de Troya.
El autor es ingeniero.