El hombre poshumanista que se está gestando entra en conflicto con el hombre humanista actual, esta batalla titánica está de modo presente y claro en las maneras de gestionar las democracias en la que se siembra subjetividad, miedo y violencia para cosechar modelos autoritarios o deshumanizados de la sociedad.
Estas dos ciudades, o dos clases sociales, se encuentran inmersas en una misma república, recogiendo la imagen de la gran obra del filósofo y teólogo San Agustín en su obra La ciudad de Dios —únicamente como ilustración—, nos lleva a la pregunta: ¿Qué hace la diferencia de estas dos ciudades en un mismo país? —Aquí entendida ciudades como ciudadanos.
La respuesta es una pregunta: ¿Dónde encuentra su fortaleza el ciudadano? ¿En qué se cree por convicción? En realidad, las ciudades que fundamentan su gestión política en 5 ejes fundamentales tienen más éxito social, que son: 1. El respeto a la dignidad de la persona humana. 2. En Dios, en aquello trascendente propio y natural en la persona humana. 3. En la familia como aportadora principal de la democracia. 4. En el Estado de derecho como el respeto a la norma y la igualdad jurídica ante la ley, el Estado como facilitador, no como el gran hermano. 5. En la Patria como la aceptación a la idiosincrasia e identidad cultural y que, por ende, nos conlleva a la igualdad de oportunidades para todos.
Estos fundamentos entran en conflicto con la ciudad que está acostumbrada a la ruptura de su propio ser, de su naturaleza, sin que este se dé cuenta. Nicaragua y una gran mayoría de sus ciudadanos han sido sometidos a una ruptura, fragmentación y quiebre de su propia naturaleza. Se le ha inculcado un divorcio entre cuerpo y alma, como dos potencialidades ajenas. El hombre es substancia individual y naturaleza racional. Aunque exista cambio de sistema, cambio de gobierno, cambio de economía, cambio de lo que sea, si no se rescata el binomio natural del hombre entre cuerpo y alma, y la comprensión de esto no podrá vincularse a grandes retos y metas. Y ha surgido el nicaragüense fragmentado, incapaz de cohesión, incapaz de debatir, producir y crear. Se le despojó de lo más preciado de la dignidad de la persona humana, que no es la simple dignidad humana. Este ciudadano se repliega a la otra ciudad de la república.
La familia ha sido frontalmente atacada como plan gubernamental desde hace 40 años. Pues en ella reside el aprendizaje para ser ciudadano, en ella reside la formación en valores. La otra ciudad se caracteriza por implementar la democracia, la violencia, el odio, la mentira, la manipulación del lenguaje, la incoherencia de vida como herramienta política para someter a las masas. Se ha sembrado para cosechar una sociedad desprovista de la comprensión de su propia dignidad humana, de ideales, de visión a largo plazo, de autogestionarse. Se ha cosechado una ciudadanía del proletariado sin capacidad de elegir, de decidir, de pensar, de producir, y en ello lastimosamente han contribuido los medios de comunicación a través de la censura camuflada, la corrección política y la famosa cancelación en las redes sociales, son muchas veces los primeros en violar la libertad de expresión, de conciencia cuando emiten cancelaciones lingüísticas en ellas a través de las etiquetas.
Se crearon ciudadanos proletarios, sin poder de decisión que son mayoritarios, masificados, colectivizados, sin capacidad de gestión, por lo que ahora necesita Nicaragua más que nunca propietarios, dueños absolutos de sus libertades, derechos, bienes y propio cuerpo, por medio de la ideologización de sus mentes.
Nicaragua necesita propietarios, no proletarios.
La autora es abogada de familia.