La participación del Partido Liberal Constitucionalista (PLC) en la hasta ahora intención de unidad opositora es una manzana de la discordia en la incipiente Coalición Nacional.
Hay otros factores divergentes y problemáticos en la Coalición, pero evidentemente la más gruesa es la presencia del controvertido PLC.
El problema de este partido que gobernó en dos períodos seguidos después de la primera dictadura sandinista, y es el único que ha derrotado al FSLN aparte de la Unión Nacional Opositora (UNO) de 1990, radica sin duda en su incierta trayectoria política de los años previos a 2018. En particular, el pacto con el FSLN que le abrió el camino a Daniel Ortega para recuperar el poder presidencial y restaurar la dictadura.
Daniel Ortega no le cumplió a Arnoldo Alemán todo lo que prometió a cambio de ese enorme favor, ni el FSLN fue leal con el PLC. El caudillo liberal quedó prácticamente como rehén del caudillo sandinista, principalmente porque lo salvó de las condenas por las gruesas acusaciones de corrupción que le imputó el expresidente Enrique Bolaños, después que subió al poder en hombros del PLC.
Sin embargo, como premio de consolación el PLC quedó usufructuando algunos cargos altos pero solo formales en el aparato del Estado, ocupados por funcionarios liberales que no hacen nada de provecho para la sociedad, pero reciben cuantiosos sueldos y privilegios que en parte ayudan al financiamiento del venido a menos Partido Liberal.
Se entiende, pues, que esos antecedentes sean una pesada carga de desprestigio para el PLC, que no le permite alternar tranquilamente con los diferentes sectores de la oposición social y política, que más bien lo miran con desconfianza.
Es cierto que también el Cosep tiene el antecedente de haber colaborado con la dictadura. Por eso algunos opositores lo mantienen permanentemente en la mira de sus ataques y desconfían del sector empresarial. Pero el caso del Cosep es diferente, porque rompió con la dictadura desde el mismo 18 de abril de 2018, antes de que se produjera la sangrienta represión contra el pueblo en la cual se cometieron delitos contra la humanidad según reportes de organismos internacionales de derechos humanos.
Se sabe que afiliados y simpatizantes del PLC participaron en las jornadas de lucha callejera contra la dictadura, de abril a junio de 2018. Incluso, figuras de alto nivel de dicho partido aparecieron en las grandes manifestaciones pero fueron rechazadas por la gente. También algunos alcaldes, concejales y activistas del PLC han sufrido la represión de la dictadura, lo cual demuestra que no se debe confundir a la cúpula con las bases del partido.
Pero todo eso no ha sido suficiente. Como tampoco lo es que el PLC tenga un gran tendido electoral, que en todo caso no es muy confiable, porque en algunas ocasiones ha sido vendido al partido de la dictadura o se ha desentendido de sus descaradas acciones fraudulentas.
Tal vez si los cuadros del PLC que usufructúan altos cargos nominales en el Estado, hubieran renunciado a ellos, el partido tendría alguna credibilidad. Y si el caudillo del PLC diera un paso al costado y lo dejara en libertad, quizás otro gallo le cantaría como dice la frase popular.