La danza macabra de la dictadura

La Danza Macabra es un poema sinfónico del compositor francés Camille Saint-Saëns (1835-1921), muy conocido entre los aficionados de todo el mundo a la música clásica e inspirado en una obra del poeta también francés, Henry Cazalis.

La Danza Macabra escenifica una leyenda de la Edad Media, de que en la medianoche del Día de Difuntos los muertos salen a bailar sobre sus tumbas, hasta que el canto del gallo anuncia el amanecer y entonces los esqueletos humanos regresan a sus sepulcros.

Pero eso ocurre en las esferas del arte y la fantasía. En la cruda realidad del mundo y de Nicaragua en la actualidad, la danza de la muerte es la mortandad real que está causando la pandemia del coronavirus o Covid-19.

Hasta este miércoles ya habían muerto en el mundo más de 350,000 personas por la pandemia y la cantidad de defunciones sigue aumentando. Y aumentan también en Nicaragua, a pesar de que el régimen manipula los datos para reducirlos y acomodarlos a su gusto e interés. De allí que hasta el martes 25 de mayo solo haya reconocido 35 muertes como consecuencia del coronavirus.

Sin embargo, el grupo independiente Observatorio Ciudadano Covid-19, que según dice en su sitio web está integrado por “profesionales de la medicina (incluyendo salubristas y epidemiólogos), comunicación, ingeniería informática y estudiantes”, informa que hasta el 23 de mayo eran 598 los muertos por la pandemia, incluyendo a los 35 reconocidos por el régimen. Además, fuentes del mismo Observatorio nos han indicado que los fallecidos por el coronavirus pueden ser hasta un tercio o una cuarta parte más, ya que por temor a las represalias de la dictadura muchas familias no se atreven a reconocer la causa de la muerte de sus parientes.

Es que la dictadura no solo oculta la información y escamotea las cifras de los contagios y las defunciones. También obliga a las autoridades hospitalarias, incluso a las de los hospitales privados, a negarle a los deudos de los muertos la información veraz sobre cuál fue el mal que realmente los mató. Es una actitud criminal e inhumana, pues, como dice el periodista y escritor español Ramón Pérez Maura, para “rendir homenaje a las víctimas de una epidemia, parece imprescindible saber al menos la causa de su fallecimiento”.

El desprecio a la memoria de los muertos por la pandemia y el ultraje a los sentimientos de sus deudos, constituyen una actitud terrorista de los dictadores, a juicio de algunos analistas. El periodista de Venezuela Miguel Henrique Otero, director del diario El Nacional, dice que en su país, ante la pandemia “el régimen y sus funcionarios han sido tomados por la mentalidad del terror”. Precisa el comunicador venezolano que para la dictadura “el terror no es solo un enorme almacén de instrumentos con los que castigar y perseguir a quienes se les resistan u opongan. Es, por encima de todo, un modo de pensar la realidad, de relacionarse con el mundo y de experimentar la vida cotidiana”.

Eso es lo que ocurre en Venezuela pero también en Nicaragua. Así lo demuestran las dos dictaduras con su cruel desprecio a los sufrimientos humanos que causa la pandemia.

Editorial covid-19 OMS pandemia archivo
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