Unos 35 nicaragüenses permanecen desde hace 27 días varados en el puerto de La Unión en El Salvador, a la espera de que el régimen de Daniel Ortega les autorice el ingreso al país. Dos son mujeres y la mayoría ya se quedó sin dinero y están pasando hambre.
Pedro González es uno de ellos. Es originario de Estelí y asegura que el gobierno de El Salvador ya les emitió un permiso para que puedan salir de manera segura. Según González les han realizado pruebas para detectar si tienen Covid-19 y todas han resultado negativas.
“Nosotros nos hemos cuidado todo este tiempo. No salimos y si alguien sale se pone tapabocas y gracias a Dios estamos sanos. Todos tenemos certificados de salud”, dijo vía telefónica a LA PRENSA.

La mayoría de personas que están en este grupo son campesinos originarios de Somotillo, Chinandega y algunos de Managua, que se dedican a la agricultura en El Salvador.
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“Somos trabajadores y solo queremos regresar a nuestro país, aquí no tenemos trabajo”, dice don Pedro, que tiene más de un mes sin trabajar y sin poder enviar dinero a su familia.
Una parroquia de La Unión, en El Salvador, les abrió las puertas para que durmieran en su interior, mientras algunas personas han colaborado para darles de comer, pero debido a que casi llevan un mes, han comenzado a pasar hambre.
“Ya no tenemos dinero y comemos cuando podemos. El trabajo lo perdimos y ya se nos acabaron los ahorros”, dice González.
“Le pedimos al gobierno de Nicaragua que se toque el corazón y nos mande una lancha. Estamos a solo dos horas y media de Potosí y queremos regresar”, finalizó el nicaragüense.
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Hace dos semanas otro grupo de nicaragüenses salió por tierra rumbo a Nicaragua, pasando por Honduras, pero en el puesto fronterizo el Guasaule fueron detenidos por los agentes de migración que los hicieron esperar un día y una noche en el puente que une a los dos países. Según González la mayoría se cruzó por puntos ciegos, lo que ocasionó que el salvoconducto que habían recibido de Honduras fuese cancelado y tuvieron que buscar como salir por agua.
El 17 de abril el régimen de Daniel Ortega rechazó la realización de vuelos de repatriación desde las Islas Caimán donde laboran nicaragüenses que se han quedado sin trabajo, tras la caída del turismo. La dictadura argumentó el cierre de fronteras, pero esta medida no ha sido oficializada.