En Rubén Darío los sentimientos amorosos despertaron muy temprano. Su sensualidad afloró hacia los 13 años, cuando en la casa de la tía abuela Bernarda se enamoró de una prima lejana suya, a quien él da el nombre de Inés en su cuento “Palomas blancas y garzas morenas” de Azul… “Inés despertó en mí los primeros deseos sensuales”.
Pero, la mujer que despertó en Darío una pasión erótica fue la adolescente norteamericana Hortensia Buislay. Ella era una niña trapecista que trabajaba en un circo. Rubén asistía a las funciones todas las noches. Como no tenía dinero para pagar la entrada se unía a los músicos. Cuando el circo levanta su carpa y se va de León, Rubén quiere irse con el circo para estar cerca de Hortensia.

Pasiones y conflictos con Rosario Emelina Murillo Rivas
A los 14 años Darío se traslada a Managua. Ya es famoso y le llaman el “poeta-niño”. Se hospeda en casa del doctor Modesto Barrios, quien le lleva a las fiestas y tertulias literarias de la vieja Managua.
En una de ellas conoce a Rosario Emelina Murillo Rivas. Es una niña de unos 12 o 13 años, alta y esbelta. Rosario cantaba y tocaba muy bien el piano. Para Rubén, ella era la encarnación de la diosa “Afrodita”, diosa de la belleza y el amor. Se enamora locamente de ella.
De Rosario recibe Rubén “el primer beso de labios de mujer”. Rubén está decidido a casarse con Rosario. Sus amigos lo embarcan rumbo a El Salvador. Pocos meses después, regresa de El Salvador y reanuda su noviazgo con Rosario, a quien en el cuento de “Azul” llama “garza morena”.
Sin embargo, llega a sus oídos algo que ha ocurrido con Rosario durante su ausencia. Rubén sufre “la mayor desilusión que pueda sufrir un hombre enamorado”. Entonces decide irse del país. Le aconsejan que se vaya a Chile. Tiene apenas 19 años de edad.
En otro viaje a El Salvador, el Presidente Meléndez lo nombra director del diario “La Unión”. Darío visita el hogar de doña Manuela Cañas viuda de Álvaro Contreras. Doña Manuela tiene dos hijas: Rafaela y Julia. Julia se casa con Ricardo Trigueros, hijo de un rico banquero.

Darío se enamora y casa con la bella Rafaela Contreras
Rafaela es una joven de baja estatura, cabello castaño, grandes ojos negros y tez morena, graciosa y con un gran don de simpatía. Rafaela es escritora, escribe cuentos modernistas con el seudónimo “Stella”. Son cuentos de estilo modernista y Darío los publica sin saber que Rafaela es la autora.
El 21 de junio de 1890 Rubén y Rafaela contraen matrimonio civil en San Salvador. Esa noche hay una fiesta en la Casa Presidencial y se produce una rebelión militar. El Presidente Meléndez, protector de Darío, cae muerto de un infarto. Rubén sale para Guatemala. El Presidente de Guatemala, general Barillas, le nombra Director de “El Correo de la tarde”.
Llega Rafaela y se celebra la boda religiosa en Guatemala. Los recién casados deciden trasladarse a Costa Rica, donde nace su primogénito: Rubén Darío Contreras.
Después de cumplir una misión en España, Darío regresa a Nicaragua y estando en León, en enero de 1893, recibe la infausta noticia de que su esposa Rafaela está gravemente enferma en San Salvador. Darío tiene la corazonada de que ella ha muerto.
Rubén se recupera de la tragedia, se traslada a Managua. Paseando en coche ve en la puerta de su casa a Rosario Murillo. Reanudan el noviazgo a los escasos dos meses de la muerte de Rafaela.
En marzo de 1893 se casa con Rosario Murillo, bajo la amenaza de Andrés Murillo, hermano de Rosario, en una “historia de violencia y engaño”, como dice Rubén en su autobiografía.

En España conoce a Francisca Sánchez del Pozo
Rubén pasa a España en 1898. En el verano de 1899 conoce a Francisca Sánchez del Pozo, campesina española analfabeta, hija
del jardinero de la Casa de Campo en Navalsáuz de los reyes de España.
Francisca tiene 24 años. Rubén la visita varias veces y, finalmente, le propone que se venga a Madrid a vivir con él. Ella acepta. Será la compañera de Rubén en España y Francia por varios años.
Fue esta la relación sentimental más estable de Darío. Francisca fue su “lazarillo de Dios en mi sendero”.