SOLO PARA SUSCRIPTORES.
En el verano de 1992, el propietario de los Yanquis de Nueva York, George Steinbrenner, planteó una pregunta muy simple durante una reunión con su equipo de trabajo sobre un joven llamado Derek Jeter. ¿Firmará con nosotros o se irá a estudiar a Michigan?
Jeter había acordado asistir a la Universidad de Michigan, adonde también iría su novia, originaria de su misma ciudad de residencia (Kalamazoo, Michigan). Así que los Yanquis temían seleccionarlo en el draft y luego no poder firmarlo, perdiendo su cupo en el sorteo.
La respuesta a la consulta de Steinbrenner fue contundente: “No, él no irá a Michigan. Al único lugar al que irá es a Cooperstown”. La voz de Dick Groch, el scout que lo había observado detenidamente durante dos años, causó un abrumador silencio en la sala.
Al día siguiente, los Yanquis seleccionaron a Jeter como la sexta escogencia general del draft y tras 20 años en las Grandes Ligas, ciertamente va hacia Cooperstown, como lo anticipó Groch hace 27 años. Jeter es la gran figura entre los nuevos candidatos en la boleta para el Salón de la Fama.
Y aunque las cosas no fueron fáciles al inicio para el joven nacido en Pequannock, Nueva Jersey, Jeter escribió una de las mejores historias, no solo para los Yanquis, sino para todo el beisbol, pues llegó a convertirse en la cara del juego por su habilidad y su personalidad.
En su primer año en las Ligas Menores terminó con .210 y se asegura que su mánager en aquel momento, Gary Denbo, ahora alto ejecutivo en los Marlins, decidió sentarlo para que no cayera de los .200. Había comenzado de 7-0 con cinco ponches y luego bateaba .202 a través de 47 partidos.
Su defensa no era mejor. Había hecho nueve errores en 48 lances, pesaba apenas 156 libras y nada de lo que hacía coincidía con las proyecciones que lo mostraban como el líder del futuro en los Yanquis. El único número alto fue el del recibo de llamadas telefónicas que a diario hacía a sus papás buscando aliento.
Los Yanquis no dejaron de creer y lo promovieron al Greensboro en Clase A baja, donde bateó .247 en 11 partidos. Pero al siguiente año terminó con .293, 71 remolques, cinco jonrones y 18 robos y entró entre los mejores prospectos del beisbol. Y tras dos temporadas sobre .300, fue llamado en 1995.
El resto de la historia ustedes la conocen: .310 de promedio en su carrera, 14 Juegos de Estrellas, cinco anillos de Serie Mundial, 3,465 hits, cinco Guantes de Oro, el apodo de Capitán Clutch y por supuesto, un boleto hacia Cooperstown.
Edgard Rodríguez en Twitter: @EdgardR
SOLO PARA SUSCRIPTORES.