Byron Rojas ha sido un púgil de impacto limitado incluso a nivel local. Sin embargo, el 19 de marzo del 2016, golpeó de forma dramática nuestra indiferencia, al despojar al entonces campeón mundial Hekkie Budler, de la corona mínima (105 libras) de la OMB.
Pero no fue una victoria cualquiera. Fue un triunfo rotundo, revestido de una intensidad impresionante, de un coraje sin límites y de unas condiciones físicas admirables, mientras avanzaba a un éxito de forma unánime.
Rojas (25-3-3) no dejó de disparar en los 12 rounds. Su potencia pudo haberse cuestionado, pero no su arrojo, su terquedad y su firmeza en la búsqueda de una victoria, al final reconocida por los jueces y admitida por Budler.
Sin embargo, como se sospechaba, su reinado fue breve. En la primera defensa ante CP Fhesmart, fue vencido por decisión unánime. Solo mantuvo el título tres meses. El 29 de junio de ese mismo 2016, fue despojado.
Lo lamentable de aquella presentación fue que, además de perder el título, su labor no tuvo puntos de contacto con lo mostrado ante Budler. Lució sin fuego y sin ideas, mientras se enredaba en la madeja de Freshmart.
Es decir, en lugar de atacar con la misma intensidad de cuando ganó la corona y forzar al tailandés a entrar en la línea de tiro, se puso amarrarlo y peleó sucio y en eso fue superado por su rival, experto en boxeo confuso.
Este miércoles, Rojas está de vuelta al ring en Tailandia, con la convicción de traer de vuelta al país la corona que le quitó Freshmart hace dos años. Se trata de un chance para ajustar cuentas y asegura que está preparado.
Freshmart no es ninguna maravilla, pero es un púgil de récord invicto (18-0) aunque sin pegada (siete nocauts), lo que debe motivar a Rojas a saltar al entarimado a tomar la iniciativa y presionar como lo hizo con Budler.
Si aún tiene aquel fuego y vuelve a mostrar la mentalidad de retador que exhibió ante Budler, el título estará de vuelta aquí. Y algo de eso debe tener aún. Tras ocho victorias al hilo, está frente a un nuevo chance titular.